Atomic Robo Vol. 2: Dogs of War representa un punto de inflexión fundamental en la mitología creada por el guionista Brian Clevinger y el dibujante Scott Wegener. Si el primer volumen servía para presentar al carismático robot dotado de "inteligencia automática" y su organización, Tesladyne, esta segunda entrega se sumerge de lleno en el género de la aventura bélica con tintes de ciencia ficción retro o *pulp*, estableciendo una de las señas de identidad de la serie: su cronología no lineal.
La trama de *Dogs of War* nos traslada a 1943, en pleno apogeo de la Segunda Guerra Mundial. A diferencia de la narrativa contemporánea del volumen anterior, aquí encontramos a un Atomic Robo más joven —en términos de experiencia operativa— que actúa como un activo estratégico del ejército de los Estados Unidos en el teatro de operaciones europeo. La premisa se aleja del combate convencional para centrarse en lo que los autores denominan "Ciencia de Acción": la lucha contra las anomalías tecnológicas y los experimentos imposibles del Tercer Reich.
El núcleo del conflicto reside en los intentos de la Alemania nazi por inclinar la balanza de la guerra mediante el uso de armamento experimental. Robo es desplegado tras las líneas enemigas para interceptar y destruir estas amenazas, que van desde tanques bípedos (los imponentes *Laufpanzers*) hasta soldados mejorados mediante procesos científicos dudosos. Sin embargo, Robo no actúa solo. Uno de los mayores aciertos de este volumen es la integración de figuras históricas y personajes secundarios de gran peso, destacando especialmente la presencia de Virginia Hall, la famosa espía estadounidense que trabajó para la inteligencia británica. La dinámica entre Robo y Hall (conocida aquí bajo el nombre en clave "The Sparrow") aporta una capa de realismo histórico y tensión táctica que equilibra el tono fantástico de la obra.
Narrativamente, el cómic se estructura en una serie de misiones interconectadas que llevan a los protagonistas a través de una Europa ocupada, desde las costas de Sicilia hasta los laboratorios ocultos en el corazón del territorio enemigo. Clevinger utiliza un ritmo cinematográfico, donde el humor característico de Robo —basado en su escepticismo científico y su sarcasmo ante la incompetencia— sirve para aliviar la tensión de las situaciones de vida o muerte. A pesar de ser un robot, la caracterización de Robo en este volumen refuerza su humanidad; se le presenta no como una máquina de matar invulnerable, sino como un ingeniero que prefiere resolver problemas con lógica, aunque a menudo se vea obligado a usar sus puños de hierro.
En el apartado visual, Scott Wegener consolida el estilo que define a la franquicia. Su dibujo, de líneas limpias y claras, huye del barroquismo para centrarse en la narrativa visual y la expresividad. A pesar de que el diseño de Atomic Robo es inherentemente rígido (una cabeza metálica con ojos fijos), Wegener logra transmitir una gama asombrosa de emociones a través del lenguaje corporal y el encuadre. El diseño de la tecnología nazi es otro punto fuerte: las máquinas tienen un aspecto tosco, pesado y peligroso, evocando una estética *dieselpunk* que encaja perfectamente con la atmósfera de los años 40.
*Dogs of War* no es solo una historia de "buenos contra malos" con robots gigantes. Es una exploración de la responsabilidad de la ciencia en tiempos de crisis. A través de sus páginas, se percibe la sombra de Nikola Tesla (el creador de Robo) y su filosofía de progreso, enfrentada a la perversión tecnológica del nazismo. El cómic evita los tropos más desgastados del género bélico para ofrecer una aventura trepidante que respeta la inteligencia del lector, manteniendo un rigor interno coherente dentro de su propia fantasía científica.
En resumen, este segundo volumen expande el universo de Atomic Robo al demostrar que el personaje es capaz de sostener relatos en diferentes épocas históricas sin perder su esencia. Establece las bases de su enemistad con figuras recurrentes y profundiza en su estatus como el primer "científico de acción" del mundo, todo ello mientras entrega una de las mejores interpretaciones modernas del espíritu de las revistas *pulp* de mediados del siglo XX. Es una lectura esencial para entender la longevidad de la serie y la solidez de su propuesta conceptual.