Astroman – Grandes Aventuras Juveniles

Dentro del vasto catálogo de la historieta española de los años setenta, Astroman se erige como una de las propuestas más ambiciosas y visualmente impactantes de la colección Grandes Aventuras Juveniles de Editorial Bruguera. Guionizada por el prolífico Víctor Mora —creador de hitos como *El Capitán Trueno*— y dibujada por el detallista Francisco Cueto (Cuyás), esta obra representa un intento deliberado por modernizar el género de aventuras en España, fusionando la ciencia ficción clásica con la estética del incipiente género de superhéroes que llegaba desde Estados Unidos.

La trama nos sitúa en un futuro donde la humanidad ha trascendido las fronteras terrestres para adentrarse en la exploración del cosmos profundo. El protagonista, que da nombre a la serie, no es un aventurero al uso, sino un agente de la justicia intergaláctica dotado de capacidades extraordinarias. Astroman es el resultado de una combinación entre el ingenio humano y la tecnología avanzada, actuando como un protector de la paz en un universo poblado por civilizaciones alienígenas, tiranos espaciales y fenómenos astronómicos inexplicables.

El guion de Víctor Mora en esta obra se aleja de la narrativa histórica que lo hizo famoso para abrazar una épica espacial de ritmo vertiginoso. Mora construye un universo coherente donde la tecnología no es solo un accesorio, sino un motor de conflicto y resolución. Las historias de Astroman suelen comenzar con una llamada al deber que arrastra al héroe a planetas remotos, donde debe mediar en conflictos diplomáticos o enfrentarse a amenazas que ponen en peligro la estabilidad de sistemas solares enteros. A pesar de estar dirigida a un público juvenil, la obra no subestima al lector; presenta dilemas éticos sobre el uso del poder y la responsabilidad del explorador frente a culturas desconocidas.

El apartado gráfico de Cuyás es, sin duda, el pilar que sostiene la espectacularidad de la serie. En una época donde la impresión en color de Bruguera buscaba captar la atención en los quioscos, el dibujo de Cuyás destaca por su dinamismo y su capacidad para diseñar maquinaria futurista creíble y paisajes alienígenas sobrecogedores. Su estilo se caracteriza por un trazo limpio pero cargado de detalles en las texturas de los trajes espaciales y la arquitectura de las naves. La composición de las viñetas en *Astroman* rompe a menudo con la estructura rígida de la página tradicional, utilizando perspectivas forzadas y planos cinematográficos que enfatizan la sensación de ingravidez y la magnitud del espacio exterior.

Un elemento distintivo de este cómic dentro de la colección "Grandes Aventuras Juveniles" es su tono. Mientras otras series de la misma línea mantenían un enfoque más costumbrista o histórico, *Astroman* apostaba por la "space opera" pura. El protagonista encarna el ideal del héroe íntegro, pero se ve envuelto en situaciones que requieren tanto fuerza física como astucia científica. La interacción con su entorno tecnológico —computadoras avanzadas, propulsores y armamento defensivo— está integrada de forma orgánica en la narrativa, reflejando el optimismo tecnológico de la década de los 70.

En resumen, *Astroman* es una pieza clave para entender la evolución del cómic de aventuras en España. Representa el punto de encuentro entre la maestría narrativa de la vieja escuela de guionistas y una nueva sensibilidad visual que miraba hacia las estrellas. La obra logra capturar la fascinación por lo desconocido, ofreciendo una lectura que, décadas después, se mantiene como un testimonio de la creatividad y la calidad técnica que alcanzó la industria editorial española en su época dorada. Es una invitación a la exploración espacial sin límites, donde el valor humano se mide frente a la inmensidad del vacío cósmico.

Deja un comentario