Arturo

Dentro del vasto panorama del cómic adulto español de los años ochenta, una época dorada conocida como el "boom del cómic", la figura de Josep Maria Beà se erige como uno de los autores más visionarios, introspectivos y técnicamente dotados. Su obra "Arturo", publicada originalmente de forma serializada en la mítica revista *1984* (Toutain Editor) a principios de la década, representa uno de los puntos álgidos de la ciencia ficción metafísica y el surrealismo aplicado a la narrativa gráfica.

La obra nos sitúa en un futuro indeterminado, un escenario que, si bien bebe de las convenciones de la distopía tecnológica, se aleja rápidamente de los tropos del género para adentrarse en terrenos psicológicos. El protagonista, Arturo, es un individuo que habita un mundo aséptico, dominado por una arquitectura fría y una tecnología que parece haber permeado cada estrato de la existencia humana. Sin embargo, a diferencia de otros héroes de la ciencia ficción, Arturo no es un rebelde que busca derrocar un sistema totalitario mediante la acción física; su conflicto es interno, existencial y profundamente ligado a la percepción de la realidad.

La trama se estructura como un viaje de autodescubrimiento y, al mismo tiempo, de desintegración. Arturo se desplaza por entornos que desafían la lógica euclidiana, interactuando con personajes que parecen proyecciones de sus propios miedos o fragmentos de una memoria colectiva que la humanidad ha intentado suprimir. Beà utiliza la premisa del viaje para explorar temas como la soledad del individuo frente a la inmensidad de la máquina, la pérdida de la identidad en una sociedad hipertecnificada y la búsqueda de un sentido trascendental en un universo que parece haber sido vaciado de espiritualidad.

Visualmente, "Arturo" es una exhibición de maestría técnica. Josep Maria Beà, influenciado tanto por el surrealismo pictórico como por la estética de la ciencia ficción europea de autores como Moebius, despliega un dibujo minucioso. El uso de la trama mecánica, el sombreado preciso y una composición de página que a menudo rompe la narrativa lineal para ofrecer visiones oníricas, convierte a cada viñeta en una pieza de arte independiente. La representación de la tecnología en el cómic no es funcional, sino orgánica y perturbadora; las máquinas parecen tener vida propia, mientras que los seres humanos presentan una rigidez casi mineral.

Uno de los pilares fundamentales de la obra es el tratamiento del tiempo y la memoria. Arturo se ve constantemente asaltado por visiones del pasado o por anacronismos que no encajan en su presente tecnológico. Esta tensión entre lo que fue y lo que es genera una atmósfera de melancolía constante. El cómic no ofrece respuestas fáciles ni una estructura de planteamiento, nudo y desenlace convencional. En su lugar, invita al lector a sumergirse en una experiencia sensorial donde el silencio narrativo es tan importante como los diálogos, a menudo crípticos y cargados de simbolismo filosófico.

"Arturo" es, en esencia, una reflexión sobre la condición humana en un entorno que ya no la reconoce. Es una obra que exige una lectura pausada, capaz de apreciar los matices de un guion que se mueve entre la vigilia y el sueño. Para el lector contemporáneo, este cómic sigue siendo una pieza de vanguardia que demuestra que el medio gráfico es capaz de abordar las preguntas más complejas de la filosofía existencialista sin perder su capacidad de fascinación visual.

En resumen, la obra de Beà no es solo un hito del cómic español, sino una pieza clave de la ciencia ficción europea. "Arturo" prescinde de las florituras de la aventura espacial clásica para centrarse en el espacio interior, convirtiéndose en un espejo donde se reflejan las ansiedades de una humanidad que, en su carrera hacia el progreso técnico, corre el riesgo de olvidarse de sí misma. Es una lectura imprescindible para entender la madurez que alcanzó el cómic en una de sus décadas más creativas y arriesgadas.

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