Army of Darkness: Ash Saves Obama es una de las entregas más singulares y representativas de la etapa de Dynamite Entertainment con la franquicia basada en la obra de Sam Raimi. Publicado originalmente en 2009, este arco argumental (que comprende los números 18 y 19 de la serie regular de *Army of Darkness*) se sitúa en un momento muy específico de la cultura popular estadounidense, aprovechando el fenómeno mediático que rodeó la toma de posesión de Barack Obama para fusionarlo con el caos sobrenatural y el humor ácido que caracterizan a Ash Williams.
La premisa arranca con Ashley J. Williams, el "Elegido" y empleado eterno de S-Mart, intentando llevar una vida relativamente normal tras sus incontables enfrentamientos con las fuerzas del mal. Sin embargo, el destino —o más bien las maquinaciones del Necronomicon Ex-Mortis— tiene otros planes. La narrativa traslada la acción a Washington D.C. durante los preparativos de la investidura presidencial. Lo que debería ser un evento histórico de transición política se convierte rápidamente en un campo de batalla cuando una antigua amenaza ligada a los Deadites emerge en el corazón de la capital estadounidense.
El guion, a cargo de Elliott Serrano, maneja con destreza el tono de comedia de terror que definió a *Evil Dead II* y *Army of Darkness*. Ash llega a la ciudad no por un sentido del deber cívico, sino siguiendo el rastro de una nueva manifestación del Libro de los Muertos. La trama juega constantemente con la yuxtaposición de dos mundos opuestos: el protocolo rígido y la solemnidad de la política de alto nivel frente a la actitud irreverente, torpe y brutalmente pragmática de Ash. El protagonista se ve obligado a infiltrarse en los círculos de seguridad más estrictos del mundo, armado con su icónica motosierra y su "boomstick", para evitar que el nuevo comandante en jefe sea víctima de una posesión demoníaca o de un asalto masivo de no-muertos.
Visualmente, el trabajo de Ariel Padilla logra capturar la esencia de Bruce Campbell, manteniendo la expresividad facial necesaria para el humor físico, a la vez que ofrece una representación respetuosa pero estilizada de las figuras políticas reales. El arte destaca especialmente en el diseño de los Deadites, que en esta ocasión adoptan formas que parodian sutilmente el entorno burocrático y los monumentos históricos de Washington. Las secuencias de acción son dinámicas y no escatiman en el uso de la iconografía clásica de la saga, integrando los elementos sobrenaturales en escenarios tan emblemáticos como el National Mall o los pasillos de la Casa Blanca.
Uno de los puntos fuertes de este cómic es cómo utiliza la figura de Barack Obama. Lejos de ser un simple cameo decorativo, el presidente se convierte en un personaje activo dentro de la trama, manteniendo la compostura frente al absurdo que representa Ash Williams. La interacción entre ambos proporciona los momentos más memorables de la obra, basándose en el contraste entre la elocuencia del político y el lenguaje soez y directo del cazador de demonios.
Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia de lectura, la historia explora la idea de que el mal no entiende de ideologías ni de fronteras. El Necronomicón busca el poder absoluto, y qué mejor lugar para encontrarlo que en la figura del hombre más poderoso del mundo libre. Ash, por su parte, se mantiene fiel a su caracterización de héroe por accidente; alguien que preferiría estar bebiendo una cerveza pero que, cuando las cosas se ponen feas, es el único capaz de ensuciarse las manos para salvar el día.
En resumen, *Army of Darkness: Ash Saves Obama* es un ejercicio de sátira pop y acción desenfrenada. Es un cómic que entiende perfectamente su lugar en la cronología de Dynamite, ofreciendo una historia autoconclusiva que funciona tanto para los seguidores acérrimos de la saga cinematográfica como para los lectores ocasionales que buscan una lectura ligera, cargada de adrenalina y con ese toque de irreverencia que solo Ash Williams puede aportar al noveno arte. Es una pieza de coleccionista que encapsula una era y demuestra la versatilidad de la franquicia para adaptarse a cualquier escenario, por muy improbable que parezca.