Argon el Salvaje representa uno de los hitos más dinámicos y visualmente arrolladores de la denominada "Edad de Oro" del tebeo español. Publicada originalmente por la mítica Editorial Valenciana a mediados de la década de los 50, esta obra es fruto del genio prolífico de Manuel Gago, uno de los autores más influyentes y productivos de la historia del cómic en España, creador también de *El Guerrero del Antifaz*. En esta serie, Gago se aleja de las cruzadas medievales para sumergirse en un género que mezcla la aventura de supervivencia, la fantasía épica y una visión romántica de la prehistoria.
La trama nos sitúa en un entorno atemporal y salvaje, una suerte de "mundo perdido" donde la civilización es un concepto inexistente y la naturaleza dicta las reglas con una crueldad absoluta. El mundo de Argon es un paraje hostil, compuesto por selvas impenetrables, cordilleras volcánicas y llanuras desoladas, habitado por tribus enfrentadas y criaturas que desafían la lógica evolutiva. No se trata de una reconstrucción histórica fiel de la Edad de Piedra, sino de un escenario de ficción donde conviven hombres primitivos con bestias antediluvianas y elementos fantásticos, siguiendo la estela de personajes como Tarzán o el Ka-Zar de las revistas *pulp* americanas.
El protagonista, Argon, encarna el arquetipo del "noble salvaje" dotado de una fuerza física prodigiosa y un instinto de justicia inquebrantable. Físicamente, Argon es representado como un hombre de musculatura hercúlea, melena oscura y vestimenta mínima, cuya principal herramienta de supervivencia es su destreza en el combate cuerpo a cuerpo y su conocimiento del terreno. A diferencia de otros héroes de la época que servían a un rey o a una causa religiosa, Argon actúa movido por la lealtad a los suyos y por un código de honor primario. Es un protector de los débiles frente a la tiranía de caudillos tribales despiadados y la amenaza constante de depredadores gigantescos.
La estructura narrativa de la serie se caracteriza por un ritmo frenético. Cada cuaderno de aventuras sumerge al lector en una sucesión de peligros encadenados: desde el rescate de miembros de su clan hasta la lucha contra monstruos que parecen surgidos de pesadillas mitológicas. La tensión no decae, ya que Gago utiliza el entorno como un antagonista más; el clima, el hambre y el aislamiento son obstáculos tan letales como las lanzas enemigas.
En el apartado artístico, *Argon el Salvaje* destaca por el estilo inconfundible de Manuel Gago. El autor, conocido por su asombrosa capacidad para dibujar páginas a una velocidad vertiginosa sin perder la fuerza expresiva, dota a la obra de una narrativa visual vibrante. Sus composiciones de página son dinámicas, con un uso magistral del movimiento que hace que las escenas de lucha parezcan saltar del papel. El dibujo es directo, de trazo nervioso y seguro, donde el contraste del blanco y negro acentúa la crudeza de la vida salvaje. Gago logra transmitir la escala monumental de las bestias y la vulnerabilidad del hombre frente a la inmensidad de una naturaleza indómita.
En definitiva, *Argon el Salvaje* es una pieza fundamental para entender la evolución del cómic de aventuras en España. Es una obra que destila pura evasión y que, a pesar de las limitaciones de la época, consiguió crear un universo propio, vibrante y lleno de peligros. Para el lector contemporáneo y el estudioso del medio, este cómic no solo es un ejercicio de nostalgia, sino un testimonio del talento de un autor que supo capturar la esencia del héroe solitario en un mundo donde solo los más fuertes, o los más nobles, logran ver el amanecer de un nuevo día.