Apocalypse Mania es una de las obras más ambiciosas y singulares de la historieta franco-belga contemporánea, nacida de la colaboración entre el guionista Laurent-Frédéric Bollée y el dibujante Philippe Aymond. Publicada originalmente por la editorial Dargaud, esta serie se aleja de los tropos convencionales del género post-apocalíptico para ofrecer una narrativa que hibrida la ciencia ficción dura, el thriller psicológico y el misterio metafísico.
La premisa de la obra se sitúa en un futuro cercano y arranca con un evento de escala global e inexplicable: la aparición de una misteriosa y cegadora luz blanca que barre la superficie de la Tierra. Este fenómeno no es una explosión nuclear ni un desastre natural convencional; su efecto es selectivo y devastador. En cuestión de segundos, millones de personas desaparecen sin dejar rastro, dejando tras de sí ciudades intactas pero vacías. El mundo, tal como se conocía, colapsa no por la destrucción de su infraestructura, sino por la súbita ausencia de una parte significativa de la humanidad.
El eje central de la historia es Jacob Kandahar. Lejos de ser el típico héroe de acción de los cómics de supervivencia, Kandahar es un hombre de un intelecto prodigioso, un especialista en "fenómenos imposibles" y situaciones límite que ya vivía al margen de la sociedad antes del evento. Su trasfondo personal, marcado por una mezcla de cinismo y una capacidad analítica fuera de lo común, lo convierte en el guía ideal —y a veces inquietante— a través del caos. Tras la aparición de la "Luz", Kandahar se ve envuelto en una búsqueda que es tanto física como intelectual, intentando descifrar si lo ocurrido es un ataque extraterrestre, un experimento científico fallido, un evento divino o una anomalía cuántica.
La estructura de la serie se divide en varios arcos que exploran las consecuencias del desastre en diferentes niveles. En un primer plano, observamos la desintegración social: cómo los supervivientes intentan reorganizarse, el surgimiento de cultos mesiánicos que adoran la Luz y la lucha por los recursos restantes. Sin embargo, Bollée eleva la apuesta narrativa al introducir elementos de alta ciencia ficción. La trama no se detiene en la supervivencia básica, sino que escala hacia una investigación sobre la naturaleza de la realidad y el lugar de la humanidad en el cosmos.
El dibujo de Philippe Aymond es un pilar fundamental que otorga verosimilitud a la propuesta. Su estilo es de un realismo meticuloso, caracterizado por una línea clara moderna y una atención obsesiva al detalle arquitectónico y tecnológico. Esta precisión visual es crucial para el tono de la obra: al retratar el apocalipsis con una claridad casi quirúrgica, el horror y el misterio se sienten más tangibles. Aymond logra que los escenarios vacíos transmitan una soledad opresiva, y su diseño de la "Luz" y sus manifestaciones posteriores evita los clichés visuales, optando por una estética limpia que refuerza la sensación de lo desconocido.
A medida que la serie avanza, el lector se enfrenta a constantes giros de guion que desafían las expectativas. *Apocalypse Mania* destaca por su ritmo pausado pero implacable, donde la información se entrega con cuentagotas, obligando a una lectura atenta. La obra explora temas profundos como la soledad existencial, la fragilidad de la civilización y la obsesión humana por encontrar significado en el caos. No es solo una historia sobre el fin del mundo, sino una disección de la psique humana enfrentada a lo incomprensible.
En resumen, *Apocalypse Mania* es un cómic de culto que requiere un lector dispuesto a sumergirse en una trama compleja y cerebral. Evita las soluciones fáciles y se mantiene fiel a su atmósfera de incertidumbre hasta el final. Es una pieza imprescindible para quienes buscan una ciencia ficción que priorice la especulación filosófica y el misterio puro sobre la acción gratuita, consolidándose como un referente del género en el mercado europeo.