Amura

Amura, la obra escrita e ilustrada por el autor francés Karim Friha, se presenta como una de las propuestas más fascinantes y visualmente magnéticas del cómic europeo contemporáneo. Enmarcada en un género que cabalga entre la fantasía ecológica, el *steampunk* y la aventura clásica de iniciación, la historia nos transporta a un mundo que ha sufrido una transformación geológica y climática devastadora: los océanos han desaparecido, dejando en su lugar un desierto infinito de sal y polvo.

La premisa se centra en la figura de Amura, una joven que sobrevive en este entorno hostil donde el agua es el recurso más valioso y escaso. La civilización, o lo que queda de ella, se ha adaptado a la aridez extrema. Los antiguos barcos, ahora encallados en dunas blancas, sirven como hogares o fortalezas, y la tecnología se ha volcado hacia la navegación aérea y el reciclaje de chatarra. Amura es una recolectora, una buscavidas que rastrea los restos del antiguo mundo marino para subsistir. Su vida cambia drásticamente cuando, en una de sus incursiones por las llanuras salinas, descubre algo que desafía toda lógica biológica en ese ecosistema muerto: una pequeña criatura marina, una suerte de ballena o pez volador, que milagrosamente sigue con vida.

Este hallazgo no es solo un milagro biológico, sino el motor de una persecución implacable. La existencia de vida acuática en un mundo seco sugiere la posibilidad de que el "Gran Océano" todavía exista en algún lugar remoto, o que haya una fuente de agua pura capaz de regenerar el planeta. Amura, impulsada por una mezcla de curiosidad innata y un sentido de responsabilidad hacia la criatura, decide protegerla. Esto la pone en el punto de mira de diversas facciones: desde señores de la guerra que ven en el agua un instrumento de poder absoluto, hasta científicos y fanáticos que buscan desentrañar los secretos del pasado.

Narrativamente, el cómic destaca por su ritmo equilibrado. Friha no se apresura en explicar cada detalle del cataclismo que vació los mares; en su lugar, permite que el lector descubra las reglas de este mundo a través de las acciones de la protagonista. La construcción del universo (*world-building*) es orgánica. Vemos ciudades construidas en los esqueletos de antiguos leviatanes de acero y una sociedad estratificada por el acceso a la humedad. La tecnología tiene un aire rudimentario y analógico, muy propio de la estética *dieselpunk* o *steampunk*, donde los dirigibles y las máquinas de vapor modificadas son los únicos medios para cruzar las distancias prohibitivas del desierto de sal.

El apartado artístico es, sin duda, el pilar fundamental de Amura. Karim Friha hace gala de un estilo que bebe de la tradición de la línea clara franco-belga, pero con una sensibilidad moderna y una paleta de colores exquisita. El uso de los blancos, ocres y tonos tierra domina la mayor parte de las páginas, transmitiendo al lector esa sensación de calor sofocante y sequedad constante. Sin embargo, cuando aparece el elemento fantástico o los escasos destellos de azul, el contraste visual es impactante, subrayando la importancia simbólica de la vida y el agua. El diseño de personajes es expresivo y dinámico, con una Amura que transmite fuerza y vulnerabilidad a partes iguales a través de su lenguaje corporal.

A nivel temático, la obra funciona como una parábola sobre la crisis medioambiental y la resiliencia humana. No se limita a ser una historia de supervivencia; es una búsqueda de esperanza en un escenario donde la desesperanza es la norma. La relación entre Amura y la criatura que rescata sirve como eje emocional, recordándonos la interconexión entre el ser humano y la naturaleza, incluso cuando esta última parece haber sido erradicada.

En resumen, Amura es un cómic que destaca por su capacidad para crear una atmósfera envolvente y melancólica sin renunciar al sentido de la maravilla propio de las grandes novelas de aventuras. Es una obra que invita a la reflexión sobre el legado que dejamos en el planeta, presentada a través de una odisea visualmente deslumbrante que confirma a Karim Friha como un narrador capaz de dotar de alma a los paisajes más desolados. Una lectura esencial para quienes buscan historias que expandan los límites de la imaginación dentro del noveno arte.

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