Amenaza Roja es una de las obras más singulares y potentes de la narrativa gráfica argentina contemporánea, fruto de la colaboración entre el guionista Federico Reggiani y el dibujante Ángel Mosquito. Publicada originalmente de forma serializada y luego recopilada en tomo, esta obra se aleja de los convencionalismos del género de aventuras para adentrarse en un terreno donde el *noir*, la sátira política y el drama social se entrelazan en una atmósfera asfixiante y profundamente humana.
La trama se sitúa en un escenario que, aunque no se nombra explícitamente como una ciudad real en todo momento, evoca la decadencia urbana y el clima social de una Argentina post-crisis, teñida por una paranoia que remite tanto a los fantasmas del pasado como a las tensiones del presente. La historia sigue los pasos de un protagonista que encarna el arquetipo del antihéroe del género negro: un hombre cansado, atrapado en una red de circunstancias que lo superan, que debe navegar un entorno donde la ideología es utilizada tanto como escudo como arma arrojadiza.
El concepto de la "Amenaza Roja" que da título al cómic funciona en múltiples niveles. Por un lado, alude a la paranoia anticomunista clásica, ese miedo atávico a la insurgencia y al cambio radical que ha marcado la historia política del siglo XX. Por otro lado, Reggiani utiliza este tropo para diseccionar cómo se construyen los enemigos internos en las sociedades modernas. La narrativa no busca ofrecer una lección de historia, sino explorar cómo el miedo al "otro" —en este caso, lo rojo, lo revolucionario o simplemente lo diferente— es manipulado por las estructuras de poder para mantener un statu quo degradado.
Desde el punto de vista del guion, Federico Reggiani construye una estructura sólida basada en diálogos secos, directos y cargados de un cinismo muy local. No hay espacio para el heroísmo desinteresado; los personajes se mueven por instinto de supervivencia, por deudas pendientes o por una inercia existencial que los empuja hacia el conflicto. La trama avanza con un ritmo pausado pero implacable, revelando capas de una conspiración que parece ser más una consecuencia del caos social que un plan maestro perfectamente ejecutado.
El apartado visual de Ángel Mosquito es, sin duda, el pilar que termina de definir la identidad de Amenaza Roja. Su estilo, caracterizado por un trazo grueso, expresivo y aparentemente descuidado, es el vehículo perfecto para esta historia. Mosquito huye del preciosismo para abrazar una estética de lo "sucio" y lo cotidiano. Sus personajes tienen rostros curtidos, cuerpos pesados y expresiones que transmiten un cansancio crónico. El uso del blanco y negro es magistral, no solo para establecer el tono de novela negra, sino para crear contrastes violentos que subrayan la brutalidad del entorno. Los escenarios —bares de mala muerte, calles agrietadas, oficinas estatales lúgubres— se convierten en personajes por derecho propio, reflejando la desolación de un mundo que parece estar siempre al borde del colapso.
La obra también destaca por su capacidad para retratar la burocracia y la mediocridad del mal. En Amenaza Roja, el peligro no siempre proviene de grandes villanos con planes grandilocuentes, sino de hombres comunes que, amparados en una cuota mínima de autoridad, ejercen la violencia o la corrupción de manera sistemática. Esta visión desmitificadora del poder es uno de los puntos más fuertes del cómic, situándolo en la tradición de la historieta social argentina, pero con una sensibilidad moderna y desencantada.
En conclusión, Amenaza Roja es un cómic que exige una lectura atenta. Es una obra que utiliza las herramientas del género policial para realizar una disección quirúrgica de la paranoia política y la descomposición social. La sinergia entre el guion de Reggiani y el arte de Mosquito logra crear un universo coherente, oscuro y profundamente honesto que evita las soluciones fáciles y los finales complacientes. Es, en esencia, un retrato crudo de la lucha por la dignidad en un mundo que parece haberla olvidado hace mucho tiempo.