El cómic original de *Aliens vs. Predator*, publicado por Dark Horse Comics entre 1989 y 1990, no es solo un hito en la historia de los crossovers, sino la piedra angular que definió una mitología expandida para dos de las criaturas más icónicas del cine de ciencia ficción. Escrito por Randy Stradley e ilustrado por Phill Norwood y Chris Warner, este arco argumental sentó las bases de lo que hoy conocemos como el universo AVP, alejándose de la explotación comercial vacía para ofrecer una narrativa de supervivencia cruda y una exploración profunda de la cultura de los cazadores espaciales.
La historia se sitúa en el planeta Ryushi, un mundo fronterizo árido y remoto que sirve como asentamiento para una colonia humana dedicada a la ganadería de "rhynth", unas criaturas masivas que son la principal exportación del planeta. La vida en Ryushi es monótona y difícil, marcada por el aislamiento y las tensiones logísticas de la corporación Chigusa. Al frente de esta administración se encuentra Machiko Noguchi, una mujer pragmática y eficiente que lucha por mantener el orden en un entorno que parece rechazar la presencia humana.
Sin embargo, la tranquilidad de la colonia se ve truncada cuando una nave de los Depredadores (Yautja) llega al sistema. Para los cazadores, Ryushi no es un objetivo de conquista, sino un coto de caza sagrado. Siguiendo una tradición milenaria, los Yautja utilizan planetas remotos para llevar a cabo ritos de iniciación para sus jóvenes guerreros. El proceso es tan metódico como letal: transportan huevos de Xenomorfo a estos mundos, permiten que la plaga se propague y luego envían a los novatos para que demuestren su valía obteniendo los cráneos de las bestias.
El conflicto estalla cuando el despliegue de los Xenomorfos se sale de control. Debido a un error en la entrega de la carga biológica, los huevos no eclosionan en el área designada, sino que se dispersan cerca de los asentamientos humanos. Lo que debía ser una cacería controlada se convierte rápidamente en una infestación a escala planetaria. Los colonos, atrapados en el fuego cruzado entre los cazadores más letales de la galaxia y la especie parasitaria más perfecta de la creación, se ven reducidos a simples obstáculos o, peor aún, a huéspedes para la gestación de nuevos Aliens.
El núcleo narrativo se centra en la figura de Machiko Noguchi. A diferencia de otros protagonistas de la época, Noguchi no es una soldado de élite, sino una administradora que debe evolucionar por pura necesidad. Su arco de personaje es fundamental, ya que es a través de sus ojos que el lector comprende la ética y el código de honor de los Depredadores. La trama explora la fascinante dinámica de "el enemigo de mi enemigo", obligando a los humanos y a un Depredador herido y rezagado a formar una alianza improbable para detener la marea de Xenomorfos que amenaza con consumir todo rastro de vida en el planeta.
Visualmente, el cómic captura la estética industrial y desgastada característica de la franquicia *Alien*, combinándola con el diseño tecnológico y tribal de los Depredadores. El arte de Norwood destaca por su capacidad para transmitir la escala del horror y la brutalidad de los enfrentamientos físicos entre las dos especies titulares, sin perder de vista la humanidad de los colonos que intentan sobrevivir.
*Aliens vs. Predator* destaca por su seriedad. No trata el encuentro como un espectáculo de lucha libre galáctica, sino como un desastre ecológico y antropológico. Establece que, mientras los humanos ven el universo a través de la lente del comercio y la supervivencia, los Yautja lo ven a través del honor y el rito, y los Xenomorfos simplemente como biomasa para su expansión. Esta obra es esencial para entender cómo estas tres perspectivas colisionan en un relato donde la victoria no se mide en territorio conquistado, sino en quién logra salir con vida de un infierno de ácido y garras.