Aliens – Berserker

Publicado originalmente por Dark Horse Comics a mediados de los años 90, 'Aliens: Berserker' (conocido en algunas ediciones y mercados como *Aliens: Frenzy*) se posiciona como una de las obras más viscerales, oscuras y psicológicamente densas dentro del universo expandido de la franquicia Xenomorfo. Escrita por John Arcudi e ilustrada por el inconfundible Sam Kieth, esta miniserie de cuatro números redefine el concepto de la guerra contra la especie más letal de la galaxia, alejándose del heroísmo militar convencional para adentrarse en el horror de la deshumanización tecnológica.

La premisa de la obra nos sitúa en un futuro donde la presencia de los Aliens ha dejado de ser un mito o un incidente aislado para convertirse en una plaga sistémica que amenaza asentamientos humanos y estaciones espaciales. Para combatir esta amenaza en entornos donde el despliegue de marines resulta ineficaz o demasiado costoso en vidas humanas, se han creado las unidades MAX (*Mobile Assault eXo-warrior*). El núcleo de estas unidades es el "Berserker": un exotraje de combate masivo, blindado y armado hasta los dientes, diseñado específicamente para entrar en el corazón de los nidos y erradicar la infestación mediante la fuerza bruta.

Sin embargo, el Berserker no es una herramienta automatizada ni un vehículo convencional. Para operar con la eficacia necesaria, el traje requiere un piloto humano que se someta a una interfaz neuronal extrema. La historia sigue a la tripulación de la nave *Nemesis*, un equipo de especialistas encargados de mantener y desplegar esta unidad de limpieza. El conflicto central no solo reside en la amenaza externa de los Aliens, sino en la naturaleza misma del traje y el efecto devastador que tiene sobre quienes lo operan. El sistema induce un estado de furia ciega y frenesí inducido químicamente —el "Berserker" que da nombre al cómic— para que el piloto pueda enfrentarse a hordas de Xenomorfos sin que el miedo o el instinto de preservación lo paralicen.

El guion de John Arcudi destaca por su enfoque en el desgaste mental. A través de los ojos de los técnicos y del propio piloto, el lector experimenta la claustrofobia de una misión de limpieza en una estación espacial remota que ha caído en silencio absoluto. La narrativa evita los tropos habituales de la acción desenfrenada para centrarse en la tensión previa al combate y en las secuelas psicológicas de la violencia. No se trata de una historia sobre ganar una guerra, sino sobre el costo de sobrevivir a una batalla contra un enemigo que no conoce la piedad.

El apartado artístico de Sam Kieth es, sin duda, el elemento que eleva a *Berserker* por encima de otros títulos de la franquicia. Kieth, conocido por su estilo distorsionado, orgánico y profundamente expresivo, ofrece una visión de los Xenomorfos que es a la vez aterradora y fascinante. Sus Aliens no son meros insectos espaciales; son sombras fluidas y grotescas que parecen emerger de las pesadillas de los personajes

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