*Alef-Thau* es una de las obras más singulares y profundas del cómic europeo de los años 80, fruto de la colaboración entre el guionista chileno Alejandro Jodorowsky y el dibujante francés Arno (Arnaud Dombre). Publicada originalmente por Les Humanoïdes Associés, esta saga se aleja de la fantasía heroica convencional para adentrarse en el terreno de la fábula metafísica y el viaje iniciático, elementos recurrentes en la bibliografía de Jodorowsky, pero que aquí alcanzan una pureza lírica excepcional.
La historia se desarrolla en el mundo de Mu-Dhara, un entorno fantástico poblado por criaturas extrañas y regido por leyes místicas. El protagonista, que da nombre a la obra, nace en circunstancias trágicas y con una discapacidad extrema: Alef-Thau es un niño que carece de brazos y piernas, un "tronco" humano destinado, en teoría, a la pasividad y el sufrimiento. Sin embargo, su nacimiento no es un error de la naturaleza, sino el punto de partida de una profecía. Alef-Thau es el elegido para liberar a su mundo de la opresión del Inmortal y las fuerzas de la oscuridad que mantienen a la humanidad en un estado de ignorancia y servidumbre.
La estructura narrativa del cómic se organiza como una búsqueda épica de integridad, tanto física como espiritual. Para cumplir su destino, el protagonista debe recuperar sus extremidades y sus sentidos a través de una serie de pruebas que ponen a prueba su valor, su capacidad de sacrificio y su pureza de corazón. Cada volumen de la serie original funciona como un peldaño en esta ascensión: el descubrimiento del amor, la obtención de los brazos, la recuperación de las piernas y, finalmente, la conquista de su propia identidad como ser completo.
El motor emocional de la historia es la relación de Alef-Thau con Diamante, una mujer que representa el ideal femenino y el apoyo incondicional. Su amor no es solo un recurso romántico, sino una fuerza alquímica que impulsa al héroe a superar sus limitaciones físicas. A través de este vínculo, Jodorowsky explora temas como la dualidad, la búsqueda de la unidad y la trascendencia del dolor.
Visualmente, el trabajo de Arno es fundamental para definir la identidad de la obra. Su estilo, caracterizado por un trazo detallado pero etéreo, logra plasmar la fragilidad del protagonista y la inmensidad de los paisajes de Mu-Dhara. Arno utiliza una narrativa visual que combina la crudeza de las batallas con una sensibilidad casi onírica en las secuencias de introspección. Tras el prematuro fallecimiento de Arno, el artista Al Covial asumió el dibujo para concluir la saga, manteniendo el respeto por la estética establecida pero aportando su propia visión al tramo final de la epopeya.
*Alef-Thau* no es simplemente un cómic de aventuras; es una alegoría sobre la superación personal y la evolución de la conciencia. El nombre del protagonista, que une la primera y la última letra del alfabeto hebreo (Alef y Tav), simboliza la totalidad y el ciclo eterno de la vida. La obra propone que la verdadera discapacidad no es la falta de miembros, sino la falta de voluntad y de espíritu. A medida que el lector avanza en la trama, queda claro que la reconstrucción del cuerpo de Alef-Thau es un reflejo de la reconstrucción del mundo que lo rodea.
En resumen, esta obra se sitúa como un pilar del cómic de autor, donde la imaginación desbordante de Jodorowsky encuentra en el dibujo de Arno el vehículo perfecto para narrar una historia de redención. Es una lectura esencial para quienes buscan en el noveno arte algo más que entretenimiento: una experiencia estética y filosófica que cuestiona la naturaleza de la realidad y el potencial ilimitado del ser humano frente a la adversidad. Su legado perdura como un testimonio de cómo la fantasía puede ser utilizada para explorar las verdades más profundas de la condición humana.