Agripina

Agripina (originalmente *Agrippine*), creada por la legendaria historietista francesa Claire Bretécher, no es solo un cómic, sino un tratado antropológico sobre la adolescencia y la burguesía intelectual de finales del siglo XX. Publicada inicialmente de forma seriada en la revista *Le Nouvel Observateur* a partir de 1988, la obra se convirtió rápidamente en un referente del noveno arte europeo, consolidando a Bretécher como una de las observadoras más agudas de la realidad social de su tiempo.

La protagonista que da nombre a la serie es una adolescente de unos dieciséis años, perteneciente a una familia de clase media-alta parisina. Agripina no es una heroína en el sentido convencional; es, de hecho, un compendio de las neurosis, el egocentrismo y la apatía que a menudo definen el tránsito hacia la edad adulta. Físicamente, Bretécher la dibuja con una postura desgarbada, siempre al borde del colapso físico por puro aburrimiento, con una melena rebelde y una expresión que oscila entre el desdén y la angustia existencial.

El núcleo del cómic reside en las interacciones de Agripina con su entorno. Su familia es un pilar fundamental de la sátira: unos padres progresistas, antiguos "sesentayochistas" que intentan ser comprensivos y modernos, lo que paradójicamente priva a Agripina de una autoridad clara contra la cual rebelarse. Esta dinámica genera situaciones de un humor ácido, donde los conflictos no nacen de grandes tragedias, sino de la incapacidad de comunicación y de las pequeñas hipocresías cotidianas. Mención especial merece el personaje de la abuela, Zonzon, quien representa una lucidez cínica que a menudo choca o se alinea de forma inesperada con las neuras de su nieta.

Uno de los elementos más distintivos de *Agripina* es el uso del lenguaje. Claire Bretécher no se limitó a transcribir el habla juvenil de la época, sino que creó una jerga propia, un argot estilizado y barroco que capturaba la esencia de la pedantería y la frescura adolescente. Los personajes se enredan en diálogos laberínticos sobre temas banales o profundamente filosóficos, tratando con la misma intensidad la compra de unos zapatos de marca que el vacío del ser. Este "lenguaje Bretécher" es fundamental para entender la obra, ya que refleja la construcción de la identidad a través de la palabra.

Visualmente, el cómic es una lección de economía y expresividad. El trazo de Bretécher es suelto, aparentemente descuidado pero dotado de una precisión anatómica magistral para captar el lenguaje corporal. La autora domina el arte de la "puesta en escena" dentro de la viñeta: los sofás donde los personajes se hunden, las habitaciones desordenadas y las expresiones faciales mínimas que dicen más que un párrafo de texto. No hay grandes fondos ni detalles superfluos; el foco está siempre en el personaje y su actitud.

A lo largo de sus diversos álbumes (como *Agripina y los modernos* o *El susto de Agripina*), la serie explora temas como el consumismo, la tiranía de la moda, las primeras experiencias sexuales, la política de salón y la brecha generacional. Sin embargo, lo hace sin juzgar. Bretécher no busca moralizar sobre la juventud, sino retratarla con una mezcla de crueldad y ternura que resulta universal.

En conclusión, *Agripina* es una obra maestra del costumbrismo satírico. Es un cómic de diálogos y gestos, donde la acción es mínima pero la carga psicológica es máxima. Leer *Agripina* hoy sigue siendo un ejercicio fascinante para comprender cómo las estructuras familiares y las crisis de identidad adolescente, aunque cambien de envoltorio tecnológico, mantienen un núcleo inmutable de confusión y búsqueda de lugar en el mundo. Es, sin duda, una pieza imprescindible para cualquier estudioso o amante del cómic con trasfondo sociológico.

Deja un comentario