Agon, la obra escrita y dibujada por el autor barcelonés Diego Olmos, se erige como una de las propuestas más singulares y potentes dentro del panorama del cómic español contemporáneo. Publicada originalmente por entregas y posteriormente recopilada en un volumen integral (destacando la edición de ECC Ediciones), esta obra se aleja de los convencionalismos del género de aventuras para adentrarse en un terreno donde la ciencia ficción distópica se funde con la filosofía existencialista y la crítica social.
La trama nos sitúa en un futuro indeterminado, en un mundo post-apocalíptico donde la civilización, tal como la conocemos, ha colapsado. En este escenario desolador emerge la ciudad de Agon, un enclave fortificado que se presenta como el último bastión de orden y estructura en medio del caos exterior. Sin embargo, este orden no es gratuito ni democrático. La ciudad está regida por una jerarquía implacable y una mitología propia que dicta el destino de sus habitantes. El término "Agon", que en griego antiguo hace referencia a la lucha, la competición o el certamen, no es solo el nombre del lugar, sino el principio rector de su existencia: la vida en la ciudad es una contienda perpetua por la supervivencia y el estatus.
El protagonista de la historia es un hombre que llega a las puertas de Agon despojado de todo, incluso de su pasado claro. Su entrada en la ciudad no es la de un salvador, sino la de un individuo que debe integrarse en un sistema que no comprende del todo, pero cuyas reglas son letales. A través de sus ojos, el lector descubre el funcionamiento interno de esta sociedad: un sistema de castas donde el valor de una persona se mide por su capacidad para el combate y su utilidad para la estructura de poder. El cómic evita los tropos habituales del "héroe elegido" para centrarse en la lucha interna de un hombre que intenta mantener su humanidad en un entorno que busca convertirlo en una herramienta de violencia.
Narrativamente, Olmos opta por un ritmo pausado pero implacable. La historia no se apoya en diálogos expositivos farragosos; al contrario, gran parte de la carga narrativa recae en la atmósfera y en lo que no se dice. El autor utiliza el silencio de manera magistral para subrayar la soledad del individuo frente a la masa y la opresión del entorno arquitectónico. Agon es una ciudad de piedra, sombras y metal, diseñada para empequeñecer al ciudadano y recordarle su insignificancia frente al Estado.
En el apartado visual, Diego Olmos despliega un dominio técnico excepcional. Su estilo, caracterizado por un trazo limpio pero cargado de fuerza, bebe de las fuentes del cómic europeo clásico (con ecos de autores como Moebius o Enki Bilal), pero con una personalidad propia muy marcada. El uso del blanco y negro es fundamental en la obra: el contraste extremo sirve para definir no solo los volúmenes y la arquitectura brutalista de la ciudad, sino también la dualidad moral de los personajes. Las escenas de acción están coreografiadas con una claridad meridiana, huyendo del caos visual para centrarse en la fisicidad del impacto y la tensión del movimiento.
El trasfondo temático de *Agon* es profundo. La obra explora la naturaleza del poder y cómo este se perpetúa a través del miedo y la ritualización de la violencia. El "Agon" como concepto se manifiesta en los enfrentamientos rituales que mantienen a la población distraída y controlada, una versión oscura del "pan y circo" romano adaptada a una estética ciberpunk y decadente. También hay una reflexión sobre la identidad: ¿quiénes somos cuando se nos arrebata nuestra historia y se nos obliga a luchar por un propósito que no es el nuestro?
En conclusión, *Agon* es un cómic denso, atmosférico y visualmente deslumbrante. No busca complacer al lector con respuestas fáciles ni con una épica tradicional. Es una exploración cruda de la condición humana en circunstancias extremas, una obra que exige una lectura atenta y que perdura en la memoria gracias a su potente imaginería y su capacidad para cuestionar las estructuras de control que rigen nuestras propias sociedades. Es, sin duda, una pieza imprescindible para entender la madurez del cómic de autor en España.