Agencia Interpol representa uno de los pilares más sólidos y representativos del cómic de género policíaco y de suspense producido en España durante la segunda mitad del siglo XX. Publicada principalmente bajo el sello de la mítica Editorial Bruguera a partir de la década de 1970, esta serie se desmarcó de la línea humorística predominante de la editorial para ofrecer una propuesta narrativa madura, técnica y profundamente anclada en el realismo de la época.
La premisa de la obra se articula en torno a las operaciones de la Organización Internacional de Policía Criminal. A diferencia de otros títulos contemporáneos que solían centrarse en la figura de un único héroe infalible, Agencia Interpol destaca por su enfoque coral y procedimental. La narrativa no se detiene en un solo protagonista, sino que despliega un abanico de agentes de diversas nacionalidades que deben colaborar para resolver crímenes que trascienden las fronteras geográficas y políticas. Este enfoque permitía a los lectores viajar, a través de las viñetas, desde las metrópolis europeas hasta escenarios exóticos en Asia o América, otorgando a la serie un carácter cosmopolita y sofisticado.
El núcleo argumental de sus episodios suele girar en torno a la desarticulación de complejas redes delictivas internacionales. Los guiones, firmados por autores prolíficos y expertos en la narrativa de género como Cassarel, Silver Kane o Andreu Martín, abordan temáticas que van desde el tráfico de estupefacientes y el contrabando de obras de arte hasta el espionaje industrial y las estafas financieras a gran escala. La estructura de las historias es directa y dinámica: se plantea un incidente inicial que requiere la intervención de la Interpol, seguido de una fase de investigación minuciosa donde la deducción y la tecnología de la época juegan un papel crucial, culminando en secuencias de acción ejecutadas con precisión quirúrgica.
Visualmente, Agencia Interpol es un exponente del realismo gráfico español. Artistas de la talla de Borrell, Trigo o José María Casanovas, entre muchos otros, dotaron a la serie de una estética sobria y elegante. El dibujo se caracteriza por un uso magistral del claroscuro, heredero directo del cine negro clásico, y una atención meticulosa al detalle en la representación de vehículos, armamento y arquitectura urbana. Esta fidelidad visual no solo reforzaba la verosimilitud de las tramas, sino que también sumergía al lector en una atmósfera de tensión constante, donde el peligro acechaba en cada esquina de una ciudad desconocida.
Uno de los aspectos más interesantes del cómic es su capacidad para reflejar las ansiedades y el contexto geopolítico de su tiempo. En sus páginas se percibe el eco de la Guerra Fría, la modernización de los métodos de vigilancia y la creciente interconectividad de un mundo que empezaba a globalizarse. Los agentes de la Interpol son retratados como profesionales abnegados, cuya mayor arma no es solo su pericia con el arma reglamentaria, sino su capacidad para tejer redes de información y cooperación internacional.
En definitiva, Agencia Interpol es una obra esencial para entender la evolución del tebeo de acción en España. Su éxito radicó en saber combinar el entretenimiento puro con una base documental seria, huyendo de los excesos fantásticos para centrarse en la eficacia del procedimiento policial. Es un cómic de ritmo cinematográfico que