Action Man

Action Man: El peso de la corona de un héroe

La mención de *Action Man* suele evocar, para el gran público, la imagen de la figura de acción articulada que dominó el mercado europeo durante décadas. Sin embargo, en el ámbito del noveno arte, y específicamente bajo el sello de IDW Publishing en su relanzamiento de 2016, el personaje trascendió su origen comercial para convertirse en el protagonista de una de las propuestas de espionaje y acción más dinámicas de la última década. Escrito por John Barber y con el arte cinético de Paolo Villanelli, este cómic no es solo una traslación de juguetes a viñetas, sino una deconstrucción del mito del "héroe definitivo".

La premisa nos sitúa en un contexto de geopolítica moderna y operaciones encubiertas de alto riesgo. La historia no comienza con un triunfo, sino con una tragedia que redefine el statu quo del programa Action Man, una división de élite de la inteligencia británica. El protagonista es Ian Noble, un joven agente con un talento excepcional pero que vive a la sombra de una leyenda. Noble no es el Action Man original; es el sucesor, un hombre que debe heredar un nombre que es, a la vez, un rango militar y un símbolo de perfección inalcanzable.

El conflicto central de la obra se aleja de los tropos simplistas del bien contra el mal para adentrarse en la presión psicológica de la sucesión. Tras la muerte del anterior Action Man —el epítome del soldado perfecto— en una misión que sale terriblemente mal, Ian Noble es ascendido de forma precipitada. El cómic explora con maestría la inseguridad de un protagonista que se siente un impostor en un traje que le queda grande, mientras el mundo se enfrenta a amenazas que requieren soluciones inmediatas y letales.

El antagonista principal es, como no podía ser de otra forma, el Doctor X. No obstante, esta versión del villano se aleja de las caricaturas de los años 90. Aquí, Doctor X es una mente maestra del terrorismo tecnológico y la manipulación política, un adversario que no solo busca la destrucción física, sino el colapso de las instituciones que Action Man representa. La dinámica entre héroe y villano se convierte en un juego de ajedrez global donde las piezas son agentes dobles, satélites armados y secretos de estado.

Acompañando a Noble encontramos a un elenco de apoyo que aporta la sobriedad necesaria al relato. La Directora Bestley, la implacable jefa del programa, y el Agente Bryce, actúan como el ancla moral y estratégica de Ian. La narrativa se estructura como un *thriller* de espionaje de ritmo vertiginoso, similar a las mejores entregas de la franquicia *Mission: Impossible* o las novelas de Ian Fleming, pero con la energía visual que solo el cómic puede ofrecer.

Visualmente, el trabajo de Paolo Villanelli es fundamental. Su estilo se caracteriza por una narrativa visual extremadamente fluida, donde las coreografías de combate y las persecuciones parecen saltar de la página. El diseño de tecnología y uniformes mantiene un pie en el realismo militar y otro en la ciencia ficción cercana, otorgando al cómic una identidad estética propia que lo diferencia de otros títulos de temática similar como *G.I. Joe*.

En conclusión, el cómic de *Action Man* es una obra que trata sobre el legado y la responsabilidad. No se limita a presentar misiones episódicas, sino que construye un arco de crecimiento para Ian Noble, quien debe descubrir qué significa ser un héroe en un siglo XXI donde las líneas entre la lealtad y la traición son cada vez más difusas. Es una lectura esencial para los aficionados al género de acción que buscan una trama sólida, personajes con profundidad emocional y un apartado artístico que no da respiro al lector. Sin necesidad de recurrir a la nostalgia, este título logra justificar por qué el nombre de Action Man sigue siendo relevante en la narrativa contemporánea.

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