Dentro del vasto y a menudo grotesco universo creado por Eric Powell, 'Buzzard' se erige como una de las piezas más introspectivas, sombrías y visualmente cautivadoras. Publicada originalmente por Dark Horse Comics, esta miniserie de tres números funciona tanto como un spin-off de la aclamada obra de Powell, *The Goon* (El Bruto), como una historia independiente que puede ser disfrutada sin conocimiento previo del material original. La obra se aleja del humor negro y la acción frenética de su serie madre para sumergirse en un relato de fantasía oscura, horror gótico y redención existencial.
El protagonista, conocido simplemente como Buzzard, es un personaje que carga con una de las maldiciones más pesadas de la narrativa de Powell. Antaño un hombre corriente, fue transformado en una criatura que habita el umbral entre la vida y la muerte: un ser que no puede morir, pero que tampoco está verdaderamente vivo. Su apariencia es la de un cadáver errante, con la piel curtida y los ojos hundidos, condenado a vagar por la tierra alimentándose de la carroña de los muertos. Sin embargo, a diferencia de los zombis sin cerebro que pueblan el mundo de Powell, Buzzard conserva su intelecto, su memoria y, sobre todo, una conciencia que le atormenta por los actos cometidos en su pasado.
La sinopsis de este cómic nos sitúa inmediatamente después de que Buzzard abandone la ciudad de Lonely Street. El personaje se adentra en un desierto salvaje y atemporal, buscando desesperadamente una forma de poner fin a su existencia antinatural. Su viaje lo lleva a un valle aislado, un lugar que parece haber sido olvidado por el tiempo y la civilización, donde los pocos habitantes que quedan viven bajo el yugo de una presencia ancestral y malévola. En este entorno, Buzzard no es visto solo como un monstruo, sino como una figura casi mesiánica o, al menos, como una herramienta de cambio para un pueblo que ha perdido toda esperanza.
El conflicto central de la obra no es solo físico, sino espiritual. Mientras Buzzard se enfrenta a las criaturas deformes y a la deidad corrupta que domina el valle, también debe luchar contra su propia naturaleza. La narrativa explora la idea del "monstruo con alma", pero lo hace evitando los clichés heroicos. Buzzard es un ser cansado, cuya motivación principal es el olvido, pero que se ve arrastrado a actuar por un vestigio de humanidad que se niega a morir.
Visualmente, 'Buzzard' es una de las cumbres artísticas de Eric Powell. El autor abandona aquí parte del estilo caricaturesco de sus inicios para adoptar un enfoque mucho más detallado y atmosférico. El uso de las sombras es magistral, creando una sensación de opresión constante. Powell emplea técnicas de aguada y texturas que dan a las páginas una cualidad táctil, casi sucia, que refuerza la decadencia del mundo que describe. Los diseños de las criaturas son perturbadores, mezclando elementos orgánicos con una estética de pesadilla que recuerda al horror folclórico estadounidense.
El ritmo de la historia es pausado, permitiendo que el lector absorba la melancolía del paisaje y el peso del silencio que rodea al protagonista. No es un cómic de grandes diálogos; gran parte de la carga narrativa recae en la expresión corporal de Buzzard y en la composición de las viñetas. La obra trata temas profundos como la inevitabilidad del destino, el peso de la culpa y la búsqueda de un propósito en un mundo que parece carecer de él.
En conclusión, 'Buzzard' es una pieza esencial para entender la evolución de Eric Powell como narrador. Es un estudio de personaje profundo envuelto en una estética de horror gótico rural. Para el lector, representa una oportunidad de explorar un rincón más oscuro y reflexivo del "Goon-verse", donde la línea entre el salvador y el monstruo es tan delgada como el hilo de vida que