Kiss vs Army of Darkness

KISS vs. Army of Darkness es una miniserie de cinco números publicada por Dynamite Entertainment que representa uno de los cruces más audaces y estilísticamente coherentes dentro del catálogo de la editorial. Escrita por el dúo dinámico de Chad Bowers y Chris Sims, con el arte de Ruairí Coleman, la obra fusiona el horror slapstick de la franquicia *Evil Dead* con la mitología superheroica y teatral de la banda de rock KISS.

La premisa sitúa la acción en la década de 1970, específicamente en Detroit, una ciudad que sirve como epicentro tanto para el ascenso meteórico de KISS como para una nueva manifestación del mal absoluto. El protagonista de *Army of Darkness*, Ash Williams, se encuentra desplazado en el tiempo, trabajando de incógnito como personal de seguridad en un recinto donde la banda está a punto de dar un concierto histórico. Fiel a su naturaleza, Ash no busca salvar el mundo, sino simplemente sobrevivir a su turno de trabajo, pero el destino tiene otros planes cuando el Necronomicon Ex-Mortis, el Libro de los Muertos, hace su inevitable aparición.

A diferencia de otros crossovers donde los músicos son simples cameos o versiones civiles de sí mismos, en este cómic se adopta plenamente la cosmogonía establecida en los cómics clásicos de Marvel y series posteriores de KISS. Aquí, Gene Simmons, Paul Stanley, Ace Frehley y Peter Criss no son solo músicos con maquillaje; son el Demonio, el Chico Estrella, el Hombre del Espacio y el Hombre Gato, entidades místicas con poderes elementales que actúan como guardianes contra fuerzas oscuras. Esta interpretación permite que la dinámica con Ash Williams sea de igual a igual en términos de acción, aunque radicalmente opuesta en temperamento.

El conflicto central se desata cuando una horda de Deadites (los demonios poseídos de la saga de Sam Raimi) comienza a infiltrarse en la escena musical de Detroit. El Necronomicon ha encontrado una nueva forma de propagar su corrupción a través de la energía y la euforia del rock and roll. La narrativa se estructura como una carrera contrarreloj donde Ash, armado con su característica motosierra y su escopeta "boomstick", debe formar una alianza incómoda con los cuatro jinetes del rock para evitar que el mundo sea consumido por la oscuridad.

Uno de los puntos más destacados del guion de Bowers y Sims es el manejo del tono. Logran equilibrar el cinismo arrogante y la torpeza heroica de Ash con la majestuosidad casi divina y ligeramente exagerada de KISS. El diálogo respeta la voz establecida de Ash Williams —lleno de frases ingeniosas y una reticencia constante a ser el héroe— mientras que los miembros de la banda son tratados con una reverencia que encaja perfectamente con su imagen pública de "superhéroes del rock".

En el apartado visual, Ruairí Coleman realiza un trabajo meticuloso al capturar la estética de finales de los 70. El diseño de los Deadites es adecuadamente grotesco, manteniendo la esencia visual de las películas originales, pero adaptada al lenguaje del cómic de aventuras. La representación de KISS es icónica, utilizando sus trajes clásicos y aprovechando sus habilidades visuales (fuego, rayos, vuelo) para crear secuencias de combate dinámicas que contrastan con el estilo de lucha más rudo y visceral de Ash.

El cómic no se limita a ser un producto de marketing; explora la idea de que el rock and roll es una fuerza mística capaz de alterar la realidad. La trama profundiza en cómo la música puede servir tanto de portal para el mal como de arma para el bien. Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia, la historia lleva a los personajes a través de diversos escenarios que rinden homenaje a la iconografía de ambas franquicias, culminando en un enfrentamiento a gran escala donde la pirotecnia de un concierto de rock se convierte en la defensa principal contra el apocalipsis.

En resumen, *KISS vs. Army of Darkness* es una pieza de entretenimiento sólida que entiende perfectamente sus materiales de origen. Es una lectura esencial para quienes disfrutan de las historias de Ash Williams y para los seguidores de la mitología expandida de KISS, ofreciendo una narrativa de acción sobrenatural que fluye con la misma energía que un himno de estadio. La obra logra justificar su existencia no solo por la novedad del encuentro, sino por la construcción de un conflicto que pone a prueba las capacidades de sus protagonistas en un entorno saturado de nostalgia, horror y guitarras eléctricas.

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