Los cómics bélicos publicados por la editorial EC Comics a principios de la década de 1950, principalmente bajo los títulos *Two-Fisted Tales* y *Frontline Combat*, representan uno de los puntos de inflexión más significativos en la historia del noveno arte. Bajo la dirección editorial, guion y supervisión artística de Harvey Kurtzman, estas publicaciones redefinieron el género bélico, alejándose de la propaganda triunfalista y el patriotismo simplista que caracterizaba a la competencia durante la era de la Guerra de Corea.
La propuesta de EC Comics en el ámbito bélico se fundamenta en un realismo descarnado y una documentación histórica obsesiva. Kurtzman, conocido por su perfeccionismo, exigía que cada uniforme, arma, vehículo y táctica militar fuera representado con absoluta precisión. Sin embargo, este rigor técnico no era un fin en sí mismo, sino el vehículo para transmitir una verdad más profunda: la futilidad de la guerra y el impacto devastador que tiene sobre el individuo, independientemente del bando en el que luche.
A diferencia de otros cómics de la época, donde el protagonista era un héroe invulnerable que derrotaba a enemigos caricaturizados, los clásicos bélicos de la EC ponían el foco en el soldado raso. Las historias suelen centrarse en el miedo, el agotamiento, el barro y la confusión del combate. No hay una glorificación del conflicto; por el contrario, se presenta la guerra como una máquina trágica que consume vidas humanas de forma indiscriminada. Este enfoque humanista y profundamente antibélico fue revolucionario en un contexto social marcado por el macartismo y la Guerra Fría.
El apartado visual de estas obras es, sencillamente, la cumbre del medio en su época. Kurtzman contaba con un elenco de artistas que hoy son considerados leyendas de la industria. Wally Wood aportaba un nivel de detalle asombroso y una atmósfera densa, casi claustrofóbica; Jack Davis destacaba por su capacidad para transmitir la agonía y la tensión física en los rostros de los soldados; John Severin y Will Elder ofrecían una precisión histórica inigualable en los escenarios y el equipamiento; y Alex Toth aportaba un dominio del diseño y la narrativa visual que depuraba la acción hasta su esencia más dramática.
Narrativamente, las historias de *Two-Fisted Tales* y *Frontline Combat* no se limitaban a los conflictos contemporáneos. Aunque la Guerra de Corea ocupaba un lugar central por su inmediatez, la colección exploraba batallas históricas que abarcaban desde las Guerras Napoleónicas y la Guerra Civil Estadounidense hasta el Imperio Romano o las incursiones vikingas. En cada uno de estos relatos, el denominador común era la perspectiva del combatiente individual y la ironía trágica del destino. Kurtzman utilizaba a menudo la técnica del "punto de vista del cadáver" o finales que subrayaban la insignificancia de la muerte de un hombre en el gran esquema de una batalla.
Otro aspecto técnico destacable es el ritmo narrativo. Kurtzman diseñaba los bocetos de página (layouts) para sus artistas, controlando meticulosamente el tempo de la acción. El uso de las onomatopeyas, el encuadre de las viñetas y la distribución del texto estaban pensados para sumergir al lector en el caos del frente. La lectura de estos cómics no es pasiva; exige una confrontación directa con la brutalidad de los hechos narrados.
En resumen, los clásicos bélicos de la EC no son solo relatos de guerra, sino crónicas sobre la condición humana bajo presión extrema. Su legado reside en haber demostrado que el cómic podía ser un medio adulto, capaz de tratar temas complejos con seriedad, respeto histórico y una calidad artística que rara vez ha sido igualada. Estas obras sentaron las bases para el tratamiento moderno del género bélico en cualquier medio, influyendo a generaciones de autores que buscaron retratar la guerra no como una aventura, sino como la tragedia que realmente es.