Virtual Hero, la obra que marcó un antes y un después en la relación entre el fenómeno de los creadores de contenido y la industria del cómic en España, se presenta no solo como un producto derivado de la fama de su autor, Rubén Doblas (El Rubius), sino como una sólida propuesta de aventura y fantasía que bebe directamente de la estética manga y la cultura del videojuego. Publicado originalmente en 2015 y con el arte de la ilustradora Lolita Aldea, este cómic propone un viaje transmedia que explora la delgada línea que separa la realidad física de la identidad digital.
La premisa de la historia nos introduce a una versión ficcionalizada de Rubius, quien recibe un misterioso paquete en su domicilio. En su interior se encuentran las ORV, unas gafas de realidad virtual de última generación que prometen una inmersión total y sin precedentes. Al colocárselas, el protagonista es transportado a un universo digital vasto y complejo, compuesto por una amalgama de mundos inspirados en diferentes géneros de videojuegos, desde entornos de fantasía épica hasta paisajes futuristas y distópicos. Sin embargo, lo que comienza como una experiencia de entretenimiento se convierte rápidamente en una trampa mortal cuando Rubius descubre que no puede desconectarse a voluntad y que los peligros de este entorno virtual tienen consecuencias reales para su integridad física.
El núcleo narrativo de Virtual Hero se centra en la estructura del "viaje del héroe" clásico, pero adaptado a la era de Internet. Rubius, inicialmente un usuario despreocupado, debe asumir el rol de salvador de este multiverso digital. Para ello, contará con la ayuda de un elenco de personajes secundarios que se han convertido en iconos dentro de la franquicia. Entre ellos destaca Sakura, una guerrera de estética samurái que actúa como guía y protectora; Zombirella, una criatura con una personalidad vibrante que subvierte los tropos del género de terror; y G4t0, una inteligencia artificial con forma felina que proporciona el soporte técnico y el alivio cómico necesario en los momentos de tensión.
El conflicto principal está personificado en la figura de Trollmask, un antagonista envuelto en el misterio que representa la cara más oscura de la red: el acoso, el control y la destrucción del espíritu creativo. Trollmask busca dominar el mundo virtual y, por extensión, someter a todos aquellos que se conectan a él. La lucha entre Rubius y Trollmask no es solo una batalla de habilidades o poderes dentro del juego, sino un enfrentamiento ideológico sobre el propósito de los espacios digitales y la libertad de los usuarios.
Desde el punto de vista artístico, el trabajo de Lolita Aldea es fundamental para entender el éxito de la obra. Su estilo, profundamente influenciado por el *shonen* japonés, dota a la narrativa de un dinamismo excepcional. Las escenas de acción están coreografiadas con una fluidez que recuerda a los mejores exponentes del género, mientras que el diseño de personajes logra capturar la esencia de las personas reales en las que se basan, integrándolas perfectamente en un entorno de fantasía. El uso del color y la composición de las viñetas refuerzan la sensación de estar ante una interfaz de videojuego, utilizando elementos visuales que remiten a barras de vida, inventarios y menús de selección.
En conclusión, Virtual Hero es una odisea contemporánea que utiliza el lenguaje del cómic para reflexionar sobre nuestra relación con la tecnología. A través de sus páginas, el lector recorre diversos mundos que rinden homenaje a la historia del *gaming*, mientras sigue la evolución de un protagonista que debe aprender que ser un héroe requiere mucho más que tener buenos reflejos frente a una pantalla. Es una obra que, sin necesidad de recurrir a giros argumentales complejos, logra construir un universo propio, coherente y visualmente impactante, estableciéndose como un referente imprescindible para entender el cruce entre la cultura de YouTube y el noveno arte.