El Último Contrato (originalmente publicado como *The Last Contract*) es una miniserie de cuatro números que se posiciona como una de las piezas más crudas y honestas del género *noir* en el cómic contemporáneo. Escrita por Ed Brisson y magistralmente ilustrada por el artista argentino Lisandro Estherren, la obra se aleja de los tropos glamurizados del asesino a sueldo infalible para ofrecer un relato visceral sobre la vejez, las consecuencias del pasado y la inevitabilidad de la violencia.
La premisa nos presenta a un protagonista atípico: un hombre de avanzada edad, cuya identidad actual es la de un jubilado solitario que vive en los márgenes de la sociedad. Sin embargo, décadas atrás, fue uno de los ejecutores más eficientes y temidos del submundo criminal. Su retiro, que parecía garantizado por el paso del tiempo y el olvido, se ve abruptamente interrumpido cuando una "lista de aciertos" del pasado sale a la luz. Alguien está eliminando sistemáticamente a todos los involucrados en antiguos contratos, y nuestro protagonista es el siguiente nombre en la lista.
A diferencia de otras historias de "un último trabajo", Brisson no dota a su protagonista de habilidades sobrehumanas o una agilidad inverosímil. El personaje principal es un hombre que siente el peso de los años; sus manos tiemblan, su memoria flaquea y su cuerpo no responde con la rapidez de antaño. Esta vulnerabilidad es el eje central de la narrativa, elevando la tensión de cada enfrentamiento. No estamos ante un héroe de acción, sino ante un hombre que utiliza su experiencia y su falta de escrúpulos para sobrevivir en un mundo que ya no reconoce y que lo considera una reliquia descartable.
El guion de Brisson destaca por su economía de palabras y su ritmo implacable. La trama se desarrolla con una estructura de *thriller* de persecución, donde el protagonista debe emprender un viaje para descubrir quién ha filtrado la información y por qué, después de tanto tiempo, sus antiguos pecados han vuelto para reclamar su vida. La narrativa explora la paranoia y la desconfianza inherentes al mundo del crimen organizado, mostrando que en ese entorno no existen las lealtades a largo plazo, solo los cabos sueltos que deben ser cortados.
El apartado visual de Lisandro Estherren es, sin duda, el componente que termina de definir la identidad de la obra. Su estilo es sucio, atmosférico y profundamente expresivo. Estherren utiliza trazos nerviosos y una narrativa secuencial que prioriza la atmósfera sobre el detalle minucioso. El uso de las sombras y una paleta de colores apagada refuerzan la sensación de decadencia y desesperanza que impregna cada página. El arte logra transmitir el cansancio físico del protagonista y la fealdad de la violencia sin caer en el espectáculo gratuito; cada golpe y cada disparo se sienten pesados, torpes y definitivos.
Temáticamente, *El Último Contrato* profundiza en la idea de que el pasado es una deuda que siempre se cobra con intereses. No hay redención fácil en estas páginas. La obra cuestiona si es posible dejar atrás una vida de violencia o si, por el contrario, esa violencia marca el ADN de una persona hasta su último aliento. El contraste entre la fragilidad de la vejez y la brutalidad de los actos que el protagonista se ve obligado a realizar crea una disonancia cognitiva que mantiene al lector en un estado de inquietud constante.
En conclusión, *El Último Contrato* es un ejercicio de género impecable que evita los adornos innecesarios para centrarse en la mecánica del miedo y la supervivencia. Es una lectura esencial para los aficionados al género criminal que buscan historias con peso emocional y un enfoque realista sobre la figura del antihéroe. Brisson y Estherren logran construir un relato autoconclusivo que, a pesar de su brevedad, deja una huella duradera gracias a su honestidad brutal y su impecable ejecución técnica.