WildCATS vol2

El segundo volumen de *WildC.A.T.s*, lanzado originalmente en 1999 bajo el sello WildStorm (ya como parte de DC Comics), representa uno de los hitos más significativos en la evolución del cómic de superhéroes de finales de los noventa. Tras una primera etapa marcada por la estética "Extreme" y las batallas cósmicas de la era Image, esta segunda encarnación, liderada inicialmente por el guionista Scott Lobdell y el artista Travis Charest, y posteriormente definida por la etapa de Joe Casey, propone un cambio radical de tono, narrativa y propósito.

La premisa de este volumen se aleja de la guerra milenaria entre los Kherubim y los Daemonitas que definió la serie original. En su lugar, encontramos a un grupo de personajes fragmentados, tratando de encontrar su lugar en un mundo que ya no necesita —ni desea— el tipo de intervención paramilitar que ellos representaban. La historia comienza con el equipo disuelto y sus miembros dispersos, enfrentando crisis personales que van desde la alienación social hasta la obsolescencia existencial.

El eje central de la narrativa se desplaza hacia Jack Marlowe (anteriormente conocido como Spartan), quien, tras heredar la inmensa fortuna y el imperio tecnológico de Jacob Marlowe (Lord Emp), decide cambiar de estrategia. En lugar de combatir el mal con fuerza bruta en callejones oscuros, Marlowe transforma la Corporación Halo en una potencia económica global. Su objetivo es utilizar el capitalismo y la tecnología avanzada para mejorar el mundo de forma sistémica, planteando una pregunta recurrente en el volumen: ¿puede un superhéroe ser más efectivo como CEO de una multinacional que como vigilante enmascarado?

Mientras Marlowe se sumerge en la intriga corporativa, otros miembros icónicos lidian con sus propias realidades. Grifter (Cole Cash) se presenta como un hombre fuera de tiempo, un mercenario cínico que lucha por encontrar una causa que justifique su violencia en un entorno cada vez más complejo y menos maniqueo. Voodoo (Priscilla Kitaen) atraviesa un proceso de autodescubrimiento que la aleja de su rol como objeto de deseo o simple guerrera, explorando su herencia híbrida y su autonomía personal. Por su parte, personajes como Maul (Jeremy Stone) y Warblade (Reno Bryce) deben confrontar las consecuencias físicas y psicológicas de sus poderes en un contexto donde la línea entre el héroe y el monstruo es sumamente delgada.

Visualmente, el volumen 2 de *WildC.A.T.s* es una obra de transición artística. El detallismo obsesivo y cinematográfico de Travis Charest estableció un estándar de sofisticación que se alejaba de las proporciones exageradas de los años noventa, aportando una atmósfera de realismo sucio y diseño vanguardista. A medida que la serie avanza, el estilo visual se adapta a la narrativa de Joe Casey, volviéndose más experimental y acorde con el tono de "noir corporativo" que la colección termina abrazando.

El guion de este volumen destaca por su madurez. Se abandonan los diálogos expositivos y las tramas lineales para dar paso a una construcción de mundo rica en subtextos políticos y sociales. La serie explora la ética del poder, la deshumanización tecnológica y la dificultad de redención para guerreros que solo conocen el conflicto. No se trata de una historia de buenos contra malos, sino de una exploración sobre la relevancia de los arquetipos heroicos en una sociedad moderna cínica y burocratizada.

En resumen, *WildC.A.T.s vol. 2* es la crónica de una metamorfosis. Es el relato de cómo un grupo de soldados de una guerra olvidada intenta reinventarse en un mundo que ha evolucionado más rápido que ellos. Al centrarse en la política interna, la estrategia empresarial y el drama humano por encima de la acción gratuita, este volumen logró desmarcarse de sus raíces para convertirse en una de las propuestas más inteligentes y sofisticadas de su época, sentando las bases para lo que más tarde sería la aclamada etapa de *Wildcats 3.0*. Es una lectura esencial para quienes buscan entender la transición del cómic de acción pura hacia la deconstrucción del género.

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