Star Trek – Klingons – Hablara la sangre

Star Trek: Klingons – Hablara la sangre (título original: *Blood Will Tell*) es una de las obras más singulares y respetadas dentro del vasto universo expandido de la franquicia creada por Gene Roddenberry. Publicada originalmente por IDW Publishing y escrita por el dúo dinámico de guionistas Scott y David Tipton, con el arte detallado de David Messina, esta miniserie de cinco números se aleja de la perspectiva tradicional de la Federación para sumergir al lector de lleno en la mentalidad, la cultura y el código de honor del Imperio Klingon.

La premisa central del cómic es tan audaz como fascinante: revisitar cinco de los episodios más icónicos de *Star Trek: La Serie Original* (TOS), pero narrados exclusivamente desde el punto de vista de los antagonistas klingon. A través de sus páginas, el lector descubre que lo que para el Capitán James T. Kirk y la tripulación del USS Enterprise eran misiones de exploración o conflictos diplomáticos, para los comandantes klingon eran batallas por la gloria, pruebas de resistencia y choques de voluntades inquebrantables.

El cómic utiliza un recurso narrativo de enmarcado en el que un anciano klingon relata estas historias, otorgándoles un tono de leyenda épica. Cada capítulo se centra en un encuentro clásico, comenzando con el legendario episodio "Misión de misericordia" (*Errand of Mercy*). Aquí, vemos la llegada del Comandante Kor al planeta Organia no como una invasión de villanos unidimensionales, sino como una maniobra estratégica de un imperio en expansión que desprecia la aparente debilidad de la Federación. La obra profundiza en la frustración de Kor ante la pasividad de los organianos y su rivalidad naciente con Kirk, a quien ve como un adversario digno pero molesto.

La narrativa continúa explorando otros hitos televisivos como "Los tribbles y sus tribulaciones" (*The Trouble with Tribbles*), donde el enfoque se desplaza hacia el Comandante Koloth. En lugar de la comedia ligera que define al episodio original, el cómic presenta la humillación sufrida por los klingon y la percepción de los tribbles como una plaga biológica diseñada para socavar su dignidad. También se abordan episodios como "Una guerra privada" (*A Private Little War*), "El día de la paloma" (*Day of the Dove*) y "El telón salvaje" (*The Savage Curtain*), permitiendo que figuras como el Comandante Kang reciban un trasfondo mucho más rico y complejo del que permitían los presupuestos televisivos de los años 60.

Visualmente, David Messina realiza un trabajo excepcional al capturar la estética de la era clásica de Star Trek. El diseño de los personajes respeta las facciones de los actores originales (como John Colicos o William Campbell), pero les otorga una expresividad y una ferocidad que solo el medio del cómic puede alcanzar. Messina logra equilibrar el diseño de los klingon de la serie original —aquellos de piel suave y perillas afiladas— con la intensidad guerrera que definiría a la raza en producciones posteriores, haciendo que la transición visual se sienta orgánica y poderosa.

El guion de los hermanos Tipton destaca por su capacidad para rellenar los huecos de la continuidad sin contradecir el canon. "Hablara la sangre" no intenta reescribir la historia, sino expandirla. Nos muestra las conversaciones privadas en los puentes de mando de las aves de presa, las luchas de poder internas entre los capitanes y, sobre todo, la incomprensión absoluta que sentían hacia la filosofía de la Flota Estelar. Para un klingon, la paz de la Federación es una forma de estancamiento, y este cómic logra que el lector, al menos por un momento, entienda y respete esa visión del mundo.

En conclusión, *Star Trek: Klingons – Hablara la sangre* es una pieza esencial para cualquier seguidor de la saga que desee profundizar en la psicología de sus guerreros más famosos. Es un ejercicio de perspectiva que transforma episodios conocidos en experiencias nuevas, dotando de una nobleza trágica y una ferocidad necesaria a los hombres que una vez fueron los mayores enemigos de la Tierra. Es, en esencia, un tributo al espíritu indomable del Imperio Klingon.

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