Por el Imperio (*Pour l’Empire*), la obra coral de Bastien Vivès y Merwan, es una de las propuestas más audaces y desmitificadoras del género bélico y de aventuras en el cómic europeo contemporáneo. Publicada originalmente en tres volúmenes (*El honor*, *Las mujeres* y *La fortuna*), esta epopeya se aleja de los tropos clásicos del "peplum" para adentrarse en un terreno psicológico y existencialista, donde la gloria militar se desvanece ante la inmensidad de lo desconocido.
La premisa nos sitúa junto a un cuerpo de élite del Imperio, una unidad de soldados veteranos conocidos como "El Carro". Estos hombres, curtidos en mil batallas y poseedores de una disciplina inquebrantable, han sido los artífices de la expansión de las fronteras imperiales. Sin embargo, su nueva misión es distinta: deben marchar más allá de los límites de los mapas conocidos, hacia territorios donde la civilización no ha dejado huella, con el fin de seguir anexionando tierras para un emperador al que apenas recuerdan.
A medida que la expedición avanza, el cómic se desprende de la narrativa histórica convencional para transformarse en una odisea abstracta. El guion, escrito a cuatro manos, utiliza la estructura del viaje para explorar la erosión de la identidad militar. Los soldados, definidos inicialmente por su rango y su función en el grupo, comienzan a enfrentarse a un enemigo que no pueden ver ni combatir con acero: el vacío, el cansancio y la pérdida de propósito. La disciplina, que antes era su mayor fortaleza, se convierte en una inercia peligrosa que los empuja hacia un abismo geográfico y mental.
Uno de los aspectos más destacados de *Por el Imperio* es su tratamiento de la violencia y la camaradería. No hay una idealización del heroísmo; la guerra se presenta como un oficio mecánico y brutal. La relación entre los miembros de la unidad es el núcleo emocional de la obra, mostrando cómo la lealtad se pone a prueba cuando las estructuras de mando empiezan a carecer de sentido en un entorno hostil que no ofrece resistencia física, sino un desgaste espiritual absoluto.
Visualmente, la colaboración entre Vivès y Merwan es prodigiosa. El dibujo huye del detalle recargado para centrarse en el movimiento, la composición y la expresividad de los cuerpos. El estilo es dinámico y sintético, permitiendo que la acción fluya con una naturalidad cinematográfica. El uso del color es fundamental en la narrativa: cada volumen maneja una paleta cromática específica que refuerza el tono de la historia. Desde los tonos ocres y terrosos que evocan el polvo de la marcha, hasta colores más saturados y extraños que aparecen a medida que los protagonistas se internan en tierras ignotas, el color actúa como un termómetro del estado psicológico de la tropa.
La obra evita deliberadamente los anacronismos o las precisiones históricas excesivas. Aunque la estética remite inevitablemente a las legiones romanas, el "Imperio" funciona aquí como una entidad abstracta, un símbolo de la ambición humana y de la maquinaria estatal que consume a sus propios hijos. Esta falta de anclaje histórico real permite que la historia adquiera un tinte universal sobre la futilidad de la conquista y la fragilidad de la civilización frente a la naturaleza salvaje.
En conclusión, *Por el Imperio* es un cómic que comienza como un relato de conquista militar y termina como una reflexión sobre el límite de la condición humana. Es una lectura imprescindible para quienes buscan una narrativa que desafíe las convenciones del género, apoyada en un apartado visual vanguardista que demuestra por qué Vivès y Merwan son figuras clave de la *bande dessinée* actual. Una obra que no ofrece respuestas fáciles, sino que invita al lector a acompañar a estos soldados en su marcha hacia la nada, cuestionando qué queda de un hombre cuando se le despoja de su patria, su rango y su destino.