Bartholomew of the Scissors es una miniserie de cómics de terror publicada originalmente por Image Comics, bajo el sello Shadowline, que destaca por su atmósfera opresiva y su enfoque en el horror folclórico y las leyendas urbanas. Escrita por Chad Helder e ilustrada por el aclamado artista Daniel Brereton, la obra se posiciona como una pieza de culto dentro del género, combinando elementos del *slasher* sobrenatural con una sensibilidad gótica muy marcada.
La narrativa se estructura en dos planos temporales que convergen para dar forma a una pesadilla circular. El núcleo de la historia es la leyenda de Bartholomew, un niño que vivió en el siglo XIX y cuya existencia estuvo marcada por la tragedia y el abuso. Según el mito local, Bartholomew fue víctima de la crueldad de su propio padre, un sastre obsesivo que, en un arrebato de locura y castigo, mutiló al pequeño utilizando las herramientas de su oficio. Este acto de violencia extrema no solo terminó con la vida del niño, sino que engendró una entidad vengativa: un espíritu con tijeras en lugar de manos que acecha en las sombras de la pequeña localidad donde ocurrieron los hechos.
En la época actual, la trama sigue a Jilly, una adolescente que se muda al pueblo y pronto se ve atraída por la oscura historia que impregna el lugar. A diferencia de otros jóvenes que ven la leyenda como un simple cuento de fogata, Jilly experimenta una conexión más profunda y peligrosa con el mito. Al descubrir un antiguo libro que parece actuar como un conducto o una crónica de las apariciones de Bartholomew, la protagonista desencadena una serie de eventos que rompen la barrera entre el mundo de los vivos y el plano espectral donde reside el "Niño de las Tijeras".
El guion de Chad Helder evita los tropos fáciles del cine de terror contemporáneo para centrarse en la construcción de una mitología propia. Bartholomew no es un asesino silencioso unidimensional; es una manifestación del trauma infantil y del dolor no resuelto. La historia explora cómo las heridas del pasado, si no se sanan, pueden manifestarse físicamente para atormentar a las generaciones futuras. La narrativa se siente como una fábula oscura, donde la inocencia perdida es el motor principal de la violencia.
Un componente fundamental que define a este cómic es el apartado visual de Daniel Brereton. Conocido por su estilo pictórico y el uso vibrante del color en obras como *The Nocturnals*, Brereton aquí opta por una paleta que refuerza la sensación de irrealidad. Sus ilustraciones no son dibujos lineales tradicionales, sino pinturas que capturan texturas, sombras y una iluminación expresionista. El diseño de Bartholomew es icónico: una figura delgada, casi etérea, cuyas extremidades terminan en hojas de metal afiladas que parecen cortar la propia página del cómic. El arte de Brereton logra que el lector sienta el frío del acero y la humedad de los callejones donde el espíritu se manifiesta.
A lo largo de sus números, el cómic mantiene un ritmo de suspense ascendente. No se apoya únicamente en el impacto visual de la sangre, sino en la tensión psicológica de saber que Bartholomew está siempre presente, observando desde los rincones oscuros. La relación de Jilly con el espectro evoluciona de forma inquietante, planteando preguntas sobre la naturaleza del mal y si es posible ofrecer redención a una entidad nacida del puro sufrimiento.
En resumen, *Bartholomew of the Scissors* es una obra imprescindible para los aficionados al horror que buscan algo más que sustos repentinos. Es un estudio sobre el folclore macabro, bellamente ilustrado, que utiliza la figura del "hombre del saco" para profundizar en temas de negligencia, memoria histórica y las consecuencias devastadoras de la crueldad humana. La obra logra crear un icono del terror moderno que se siente tan antiguo y arraigado como las leyendas de los hermanos Grimm, consolidándose como un relato donde la belleza estética y el horror visceral caminan de la mano.