Ayak, la obra gestada por el guionista Matías San Juan y el dibujante Pablo De Bonis, se erige como una de las propuestas más singulares y atmosféricas de la historieta argentina contemporánea. Publicada bajo el sello de Deriva Editorial, esta pieza se aleja de los tropos convencionales del género de aventuras para sumergir al lector en una experiencia narrativa donde el entorno es tan protagonista como los personajes que lo transitan.
La historia nos sitúa en un mundo post-apocalíptico, aunque esta etiqueta se queda corta para describir la complejidad del escenario. No estamos ante el típico desierto de recursos agotados, sino ante un ecosistema que parece haber mutado tras el colapso de una civilización avanzada. En este contexto conocemos a Ayak, una joven de pocas palabras y determinación férrea que recorre parajes desolados y estructuras en ruinas que alguna vez albergaron una tecnología hoy incomprensible.
El motor de la trama es una búsqueda personal y, a la vez, un viaje de descubrimiento. Ayak sigue el rastro de su padre, un hombre vinculado a los secretos de ese mundo antiguo. Sin embargo, la narrativa no se apoya en diálogos expositivos ni en grandes bloques de texto. San Juan confía plenamente en la capacidad de la imagen para narrar, construyendo un relato de "camino" donde cada encuentro con extrañas criaturas o con otros supervivientes añade una capa de misterio sobre el pasado del planeta y el destino de la protagonista.
Desde el punto de vista del guion, la estructura de Ayak es episódica pero cohesiva. La tensión se maneja a través del silencio y de la constante sensación de peligro que emana de un entorno hostil. No hay héroes ni villanos en el sentido tradicional; hay seres intentando sobrevivir en un mundo que ha dejado de pertenecer a la humanidad tal como la conocemos. La relación entre la tecnología olvidada y la naturaleza salvaje crea una dicotomía visual y temática que atraviesa toda la obra.
El apartado gráfico de Pablo De Bonis es, sin duda, el pilar fundamental que sostiene la atmósfera de la obra. Su estilo se caracteriza por un trazo orgánico, detallado y cargado de texturas que logran transmitir la decadencia y la extrañeza del paisaje. El diseño de personajes y, especialmente, de la fauna que habita este mundo, muestra una creatividad desbordante que mezcla lo biológico con lo mecánico de forma inquietante. El uso de las sombras y el manejo de los espacios abiertos refuerzan la sensación de soledad y pequeñez de Ayak frente a la inmensidad de un mundo que ya no la reconoce.
La narrativa visual de De Bonis destaca por su ritmo pausado, permitiendo que el lector se detenga en los detalles de los fondos, los cuales cuentan su propia historia sobre lo que ocurrió antes del inicio del cómic. La composición de las viñetas varía entre la claustrofobia de las ruinas tecnológicas y la vastedad de los horizontes vacíos, logrando un equilibrio que mantiene el interés sin necesidad de recurrir a la acción frenética constante.
En conclusión, Ayak es una obra que apela a la introspección y a la capacidad de observación del lector. Es un cómic de ciencia ficción antropológica y de supervivencia que evita las explicaciones masticadas para ofrecer, en su lugar, una inmersión total en un universo rico, extraño y visualmente fascinante. La colaboración entre San Juan y De Bonis da como resultado una pieza de narrativa secuencial pura, donde el misterio del pasado y la incertidumbre del futuro convergen en el presente de una protagonista que avanza, incansable, hacia el corazón de lo desconocido. Es una lectura esencial para quienes buscan en la historieta una forma de arte que priorice la construcción de mundos y la potencia de la imagen por sobre las fórmulas narrativas tradicionales.