Vudú, la obra del autor canario Andrak (Andrés Alberto), publicada originalmente por la editorial Dibbuks, se erige como una pieza fundamental para entender la evolución del género negro dentro del cómic español contemporáneo. Esta novela gráfica no es simplemente un relato de detectives, sino una inmersión atmosférica en las entrañas de una Nueva Orleans mística, donde la frontera entre lo tangible y lo espiritual se difumina bajo el peso de la humedad y el sonido del jazz.
La trama se centra en Jack, un detective privado que encaja perfectamente en los cánones del *hard-boiled*: un hombre solitario, de pasado turbio y moralidad ambivalente, que sobrevive en los márgenes de una sociedad que parece haberlo olvidado. La historia arranca con un encargo aparentemente convencional que, siguiendo las convenciones del género, pronto se complica. Sin embargo, Andrak se aleja de los clichés del cine negro clásico al introducir el elemento del vudú no como un adorno exótico, sino como el motor narrativo y existencial de la obra.
El guion nos conduce por un laberinto de callejones sombríos y locales nocturnos donde el humo de los cigarrillos parece mezclarse con los vapores de los pantanos de Luisiana. La desaparición de una joven y la aparición de una figura femenina enigmática —que cumple el rol de la *femme fatale* pero con matices sobrenaturales— obligan a Jack a enfrentarse a fuerzas que escapan a su comprensión racional. La narrativa se construye a través de una investigación que es, en esencia, un descenso a los infiernos personales del protagonista.
Lo que realmente distingue a Vudú es su apartado visual. Andrak despliega un dominio magistral del blanco y negro, utilizando un contraste radical que recuerda a los grandes maestros del claroscuro como Alberto Breccia o José Muñoz. No hay grises intermedios; la luz y la sombra luchan por el espacio en cada viñeta, creando una sensación de claustrofobia y tensión constante. El dibujo es sucio, expresionista y cargado de texturas que transmiten la decadencia de los escenarios. Las manchas de tinta no solo definen las formas, sino que establecen el tono emocional de la historia: una Nueva Orleans que se deshace, donde los rostros de los personajes están marcados por el cansancio y la fatalidad.
La composición de las páginas es otro de los puntos fuertes de la obra. Andrak juega con el ritmo narrativo, alternando silencios prolongados con diálogos cortantes y directos. El autor utiliza el espacio en blanco (o en negro absoluto) para dilatar el tiempo, permitiendo que el lector se detenga en los detalles de la ambientación. La música, específicamente el jazz y el blues, está presente de forma implícita en la cadencia de las viñetas; se puede sentir el ritmo sincopado en la manera en que se suceden las acciones.
El tratamiento del vudú en el cómic huye de las representaciones caricaturescas de Hollywood. Aquí, la religión y la magia se presentan como una herencia cultural profunda, vinculada a la tierra y a la sangre. Es una fuerza invisible que dicta el destino de los personajes y que convierte a la ciudad en un personaje más, un organismo vivo que respira a través de sus ritos y sus sombras. Jack, el escéptico, se ve forzado a aceptar que en Nueva Orleans las leyes de la lógica no siempre se aplican.
En conclusión, Vudú by Andrak es una obra de género negro puro que se atreve a explorar el misticismo sin perder su crudeza. Es un ejercicio de estilo visual donde la narrativa gráfica alcanza niveles de gran expresividad, ofreciendo una experiencia sensorial que va más allá de la lectura convencional. La obra destaca por su capacidad para construir una atmósfera densa y envolvente, manteniendo el suspense hasta la última página sin necesidad de recurrir a artificios innecesarios. Es, en definitiva, un viaje sombrío al corazón de la superstición y la culpa, donde cada trazo de tinta parece esconder un secreto ancestral.