Lazaro – Envolturas Inmortales

Lázaro: Envolturas Inmortales es una pieza angular dentro de la narrativa gráfica contemporánea de ciencia ficción latinoamericana, escrita por Gonzalo Oyanedel e ilustrada por Ximena Rodríguez. La obra se sumerge en las convenciones del *cyberpunk* y el *neo-noir* para proponer una reflexión cruda sobre la identidad, la mortalidad y la deshumanización en un futuro donde la tecnología ha fracturado el concepto mismo de existencia.

La trama se sitúa en una metrópolis distópica, densa y asfixiante, donde la muerte biológica ha dejado de ser un destino inevitable para convertirse en un inconveniente técnico superable. El eje central de este universo es la tecnología de las "envolturas": cuerpos sintéticos o biogenéticos en los que se puede descargar la conciencia humana. Esta premisa transforma la vida en un bien de consumo, permitiendo que aquellos con los recursos suficientes puedan saltar de un envase a otro, perpetuando su presencia en el mundo físico a costa de su propia esencia original.

El protagonista, Lázaro, es un investigador especializado en los márgenes de esta industria de la inmortalidad. Su labor no consiste en proteger la vida, sino en gestionar los conflictos derivados de su extensión artificial. Lázaro opera en las sombras de una sociedad estratificada, donde la calidad de la "envoltura" define el estatus social. Mientras las élites acceden a cuerpos perfectos y duraderos, las clases bajas deben conformarse con modelos reciclados, defectuosos o de procedencia dudosa. El protagonista encarna el arquetipo del detective cansado y cínico, un hombre que ha visto demasiado y que comprende que, en un mundo donde nadie muere realmente, nada tiene un valor sagrado.

La narrativa se aleja de las grandes epopeyas espaciales para centrarse en el nivel de la calle. El conflicto no es una amenaza global, sino la erosión sistemática de la psique humana. A través de los casos que Lázaro debe resolver, el cómic explora las patologías de una sociedad que ha perdido el miedo al fin: el tráfico de memorias, la suplantación de identidad a niveles celulares y la alienación de quienes ya no reconocen su propio reflejo en el espejo. La obra plantea preguntas incómodas: ¿Qué sucede con el alma cuando el soporte físico es intercambiable? ¿Es la memoria suficiente para definir a un individuo si esta puede ser editada o transferida?

Visualmente, el trabajo de Ximena Rodríguez es fundamental para establecer la atmósfera de la obra. Su estilo se apoya en un uso magistral del claroscuro, heredero directo de la tradición del cómic negro. La arquitectura de la ciudad se presenta como una entidad opresiva, llena de cables, neones desgastados y rincones donde la luz apenas logra penetrar. El diseño de las "envolturas" refleja la dualidad de la trama: por un lado, la sofisticación técnica; por otro, la frialdad de lo artificial. La expresividad de los personajes, a menudo contenida, refuerza la sensación de aislamiento emocional que permea toda la historia.

El guion de Oyanedel destaca por su economía de palabras y su capacidad para construir un mundo complejo sin recurrir a largas exposiciones explicativas. La información se entrega a través de la acción y de los detalles del entorno, permitiendo que el lector reconstruya las reglas de este futuro a medida que acompaña a Lázaro en su periplo. No hay concesiones al optimismo; el cómic mantiene un tono sobrio y reflexivo que invita a cuestionar los límites de la ética científica y el costo de la ambición humana por trascender la biología.

En definitiva, Lázaro: Envolturas Inmortales es un ejercicio de género maduro que utiliza la ciencia ficción como un espejo para examinar las obsesiones actuales con la imagen y la permanencia. Es una historia de fantasmas atrapados en máquinas, donde el verdadero misterio no es quién cometió un crimen, sino qué queda de humano en un mundo que ha decidido que la muerte es opcional. La obra se consolida como un referente necesario para entender la evolución del cómic chileno y su capacidad para abordar temas universales con una voz propia y sofisticada.

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