G.I. Joe: Origins representa uno de los hitos más significativos en la trayectoria editorial de la franquicia, marcando el inicio de una nueva era bajo el sello de IDW Publishing a partir de 2009. Esta serie no es simplemente una recapitulación de lo que los aficionados conocieron en la década de los 80 a través de Marvel Comics; es una reinvención profunda, táctica y sombría que busca responder a una pregunta fundamental: ¿cómo se formó realmente la unidad de élite más secreta del mundo en un contexto geopolítico moderno?
La narrativa, orquestada en sus inicios por el legendario Larry Hama —el arquitecto principal del universo G.I. Joe—, se aleja deliberadamente de la estética de dibujos animados y de los juguetes coloridos para sumergirse en un realismo militar crudo. La premisa se sitúa en un mundo donde las amenazas ya no son ejércitos convencionales con uniformes llamativos, sino entidades difusas, corporaciones sin rostro y células terroristas que operan en las sombras de la legalidad internacional.
El cómic comienza presentando a un gobierno estadounidense que detecta una serie de anomalías tecnológicas y financieras a nivel global. Ante la incapacidad de las agencias de inteligencia tradicionales para conectar los puntos, se autoriza la creación de un grupo de operaciones especiales extremadamente restringido. Aquí, el término "G.I. Joe" no nace como un nombre de equipo heroico, sino como una designación administrativa para un proyecto que, sobre el papel, no existe.
Uno de los pilares de *Origins* es el proceso de reclutamiento. La serie dedica un tiempo considerable a mostrar por qué personajes como Duke, Scarlett, Stalker o Snake Eyes son elegidos. No se trata solo de sus habilidades de combate, sino de su capacidad para operar fuera de la cadena de mando convencional y su resistencia psicológica ante misiones que el resto del mundo nunca conocerá. La dinámica entre ellos es tensa y profesional; son extraños con pasados complejos que deben aprender a confiar los unos en los otros mientras son arrojados a situaciones de vida o muerte.
El tratamiento de Snake Eyes es particularmente notable. En esta versión, su misticismo se equilibra con una funcionalidad militar aterradora. El cómic explora su relación previa con otros miembros del equipo, especialmente con Stalker, remontándose a misiones en conflictos pasados que forjaron su carácter silencioso y letal. La obra se toma su tiempo para desvelar los traumas y las motivaciones que lo llevaron a convertirse en el operativo que es hoy, evitando los clichés del género ninja para mantenerlo anclado en la narrativa de espionaje.
Por otro lado, la representación de la amenaza enemiga es sutil y progresiva. En lugar de presentar a Cobra como una organización establecida con un líder histriónico, *Origins* muestra el ascenso de una conspiración corporativa y científica. El lector asiste al nacimiento de lo que eventualmente será el Comando Cobra, pero visto desde la perspectiva de la inteligencia militar: una serie de incidentes aislados, prototipos de armas robados y figuras enigmáticas que mueven los hilos de la economía mundial. Esta aproximación convierte al cómic en un thriller de suspense político tanto como en una obra de acción.
Visualmente, la serie se apoya en un estilo artístico que refuerza esta atmósfera de realismo. El diseño de equipo, armamento y uniformes huye de lo fantástico para abrazar lo funcional. Las escenas de acción están coreografiadas con una precisión que denota un conocimiento profundo de las tácticas de infantería y el combate urbano, lo cual ha sido siempre una marca de identidad en los guiones de Hama.
En resumen, *G.I. Joe: Origins* es la piedra angular para cualquier lector que desee entender la mitología de estos personajes despojada de la nostalgia infantil. Es una crónica sobre la burocracia del sacrificio, el coste personal del deber y el nacimiento de una leyenda militar en un siglo XXI donde la guerra se libra en los servidores de datos y en los callejones oscuros, mucho antes de que el primer disparo sea efectuado. Es, en esencia, el "año uno" definitivo de la unidad especial más famosa del noveno arte.