Okko: El Ciclo del Aire representa un punto de inflexión fundamental dentro de la epopeya de samuráis y fantasía oscura creada por el autor francés Hub (Humbert Chabuel). Tras haber explorado los dominios del Agua y de la Tierra, esta tercera entrega sumerge al lector en las gélidas y escarpadas cumbres de las montañas del Imperio de Pajan, un escenario donde la verticalidad y el vacío juegan un papel narrativo tan crucial como los propios protagonistas.
La trama se sitúa en un periodo de aparente calma que pronto se ve truncada por una petición de auxilio inusual. El grupo de cazadores de demonios liderado por Okko —el ronin de pasado misterioso y ética inquebrantable— se encamina hacia el Monasterio de los Vientos Plateados, una fortaleza espiritual situada en los picos más altos de la cordillera de los Siete Monasterios. El motivo de su viaje es la misteriosa enfermedad o posesión de una joven noble, cuya familia busca desesperadamente una solución que los monjes locales no parecen capaces de proporcionar.
En este ciclo, Hub profundiza en la cosmología de su mundo, centrando la atención en los Kami del aire y los espíritus que habitan las alturas. A diferencia de los volúmenes anteriores, donde la brutalidad del combate físico y la solidez del terreno marcaban el ritmo, *El Ciclo del Aire* se tiñe de una atmósfera etérea y melancólica. La investigación se vuelve más introspectiva y el peligro, aunque presente, se manifiesta de formas más sutiles y volátiles, emulando la naturaleza del elemento que da nombre al tomo.
El elenco de personajes mantiene su química característica, pero se ve sometido a nuevas tensiones. Okko sigue siendo el eje central, un guerrero que prefiere la acción al discurso, pero que aquí debe enfrentarse a enigmas que no pueden resolverse únicamente con el filo de su katana. Noburo, el imponente gigante enmascarado cuya fuerza es legendaria, actúa como el baluarte físico del grupo, mientras que Noshin, el monje amante del sake, cobra un protagonismo especial debido a su capacidad única para comunicarse con los espíritus elementales, una habilidad que en las alturas se vuelve tan necesaria como peligrosa. Por último, Tikku, el joven aprendiz y narrador de la historia, continúa su evolución, dejando de ser un mero observador para convertirse en un elemento activo que empieza a comprender la verdadera carga que conlleva la vida de un cazador de demonios.
Visualmente, *El Ciclo del Aire* es una demostración de maestría técnica. Hub utiliza la arquitectura de los monasterios y la inmensidad de los desfiladeros para crear composiciones de página que transmiten una sensación de vértigo constante. El uso del color es magistral: las paletas de azules gélidos, blancos puros y grises brumosos logran que el lector sienta el frío cortante de la altitud. El nivel de detalle en las vestimentas, las estructuras de madera y las criaturas sobrenaturales sigue siendo uno de los pilares que elevan a *Okko* por encima de la media del género.
El guion evita los tropos simplistas del bien contra el mal. En Pajan, la corrupción no siempre proviene de los demonios exteriores, sino a menudo de la ambición humana, el aislamiento o el estancamiento de las tradiciones. Este ciclo explora la idea de la pureza y cómo esta puede ser corrompida por el silencio y los secretos guardados durante demasiado tiempo en las alturas.
En definitiva, *Okko: El Ciclo del Aire* es una obra que equilibra perfectamente el género *chanbara* (cine de samuráis) con la mitología fantástica. Es una lectura esencial para entender la progresión de la serie, ofreciendo un misterio sólido, un desarrollo de personajes coherente y un apartado artístico que captura la esencia invisible pero poderosa del viento. Sin recurrir a giros gratuitos, Hub logra mantener la tensión hasta la última página, consolidando este ciclo como uno de los más atmosféricos y visualmente impactantes de toda la saga.