La Oca, obra del autor José Luis Martín —conocido fundamentalmente por ser uno de los fundadores de la revista *El Jueves*—, representa uno de los hitos más singulares y ambiciosos de la narrativa gráfica española de finales de los años 70 y principios de los 80. Publicada originalmente de forma serializada y posteriormente recopilada en álbum, esta obra se aleja del humor costumbrista o la sátira política inmediata para adentrarse en un terreno mucho más simbólico, experimental y profundamente crítico.
La premisa del cómic utiliza la estructura del tradicional y milenario "Juego de la Oca" como una metáfora extendida sobre la existencia humana, la organización social y los mecanismos del poder. En lugar de un tablero de cartón, Martín construye un laberinto narrativo donde los personajes avanzan por casillas que no son meros espacios físicos, sino estados mentales, estratos sociales o trampas institucionales. La obra se articula como un viaje circular y, a menudo, frustrante, donde el azar —representado por los dados— dicta el destino de unos protagonistas que carecen de control real sobre sus vidas.
Desde el punto de vista temático, La Oca es una radiografía despiadada de la sociedad de la Transición española, aunque su mensaje trasciende ese contexto histórico para volverse universal. El autor disecciona las estructuras de opresión: la Iglesia, el Ejército, la burocracia y el capitalismo salvaje. Cada casilla del juego funciona como una estación de un viacrucis laico donde se exploran conceptos como la alienación laboral, la represión sexual, la corrupción política y la deshumanización urbana. El cómic no busca la carcajada complaciente, sino que emplea un humor negro y corrosivo que invita a la reflexión sobre la condición de "peón" del ciudadano medio.
Visualmente, la obra es un despliegue de virtuosismo técnico dentro de la estética de la denominada "línea chunga" o el *underground* europeo de la época. El dibujo de José Luis Martín en La Oca es denso, abigarrado y detallista hasta lo obsesivo. El uso del rayado y las texturas crea una atmósfera claustrofóbica que refuerza la sensación de encierro de los personajes dentro del tablero. Las composiciones de página rompen a menudo la estructura clásica de la historieta para emular la geometría del juego, obligando al lector a participar en el recorrido visual de forma activa. La expresividad de los personajes, a menudo caricaturescos y deformados, subraya la fealdad moral de los entornos que habitan.
El ritmo narrativo está marcado por la propia mecánica del juego. El avance de "oca en oca" o el retroceso a la casilla de salida generan una estructura cíclica que rompe con la linealidad tradicional del cómic de aventuras. Esta repetición no es gratuita; sirve para enfatizar la idea del eterno retorno y la imposibilidad de progreso real en un sistema diseñado para que las fichas vuelvan siempre al punto de origen. Los personajes son arquetipos: el hombre común, el poderoso, el marginado, todos atrapados en una lógica que los supera.
En conclusión, La Oca es una pieza fundamental para entender la evolución del cómic adulto en España. Es una obra que desafía las convenciones del género al hibridar el juego de mesa con la crítica social y el surrealismo. Su importancia reside en cómo logra transformar un pasatiempo infantil en una herramienta de análisis sociológico y filosófico, manteniendo una coherencia estética y narrativa que la sitúa como una de las novelas gráficas más personales y potentes de su generación. Es, en esencia, un retrato de la lucha del individuo contra un sistema laberíntico donde las reglas son arbitrarias y