Las Aventuras de Tom Strong es una obra fundamental dentro de la línea *America's Best Comics* (ABC), creada por el guionista Alan Moore y el dibujante Chris Sprouse en 1999. Esta serie se aleja de la deconstrucción oscura y cínica del superhéroe que caracterizó gran parte de la carrera de Moore, para ofrecer, en su lugar, una celebración vibrante y optimista del concepto del "Héroe de la Ciencia". La propuesta recupera la esencia de los *pulps* de principios del siglo XX, las aventuras de la Edad de Oro y la inventiva desbordante de la Edad de Plata del cómic estadounidense.
La premisa se centra en la figura de Tom Strong, un hombre nacido en 1899 en la isla de Attabar Teru, en las Indias Occidentales. Hijo de científicos excéntricos, Tom fue sometido desde su nacimiento a un experimento de crianza en una cámara de alta gravedad y educado bajo un régimen intelectual y físico extremadamente riguroso. Gracias a este entorno y a la ingestión de una raíz local llamada Goloka, que otorga longevidad y vigor, Strong se convierte en el espécimen humano perfecto: posee una inteligencia sobrehumana, una fuerza física excepcional y una esperanza de vida que le permite atravesar todo el siglo XX manteniéndose en su plenitud física.
El escenario principal de sus aventuras es Millennium City, una metrópolis que encarna el ideal del progreso tecnológico y el retrofuturismo. A diferencia de las ciudades góticas o distópicas habituales en el género, Millennium City es un faro de civilización donde la ciencia se utiliza para el bienestar de la humanidad. Desde su cuartel general en el Edificio Strong, Tom actúa no solo como un justiciero, sino como un explorador de lo desconocido, enfrentándose a amenazas que van desde invasiones interdimensionales hasta paradojas temporales.
Uno de los pilares de la serie es su enfoque en el legado y la familia. Tom Strong no es un héroe solitario; lo acompaña su esposa Dhalua, una mujer de gran intelecto y habilidades de combate originaria de Attabar Teru, y su hija Tesla, quien hereda la curiosidad y el espíritu aventurero de sus padres. El elenco se completa con personajes secundarios memorables como Pneuman, un robot de vapor construido por el padre de Tom, y el Rey Solomon, un gorila con inteligencia humana y un gusto refinado. Esta dinámica familiar aporta una capa de calidez y continuidad que permite al lector ver la evolución de los personajes a lo largo de las décadas.
Narrativamente, Moore utiliza la serie para rendir homenaje a la historia del medio. Cada número suele funcionar como una aventura autoconclusiva o parte de un arco mayor, pero con frecuencia se insertan relatos que emulan estilos artísticos y narrativos de épocas pasadas. A través de *flashbacks* o historias contadas por los personajes, el lector viaja a versiones de Tom Strong que recuerdan a Tarzán, Doc Savage o los héroes de la ciencia ficción de los años 50. El antagonista recurrente, Paul Saveen, funciona como el contrapunto perfecto: un genio del mal cuya rivalidad con Strong se extiende por generaciones, representando el arquetipo del villano folletinesco elevado a una escala cósmica.
El apartado visual de Chris Sprouse es indisociable del éxito de la obra. Su dibujo de línea clara, elegante y equilibrada proporciona una legibilidad perfecta y una estética atemporal. Sprouse logra capturar tanto la tecnología imposible como la anatomía heroica sin caer en excesos, manteniendo una coherencia visual que unifica las diversas influencias que Moore introduce en los guiones.
En resumen, *Las Aventuras de Tom Strong* es un ejercicio de arqueología pop y una carta de amor a