Rumbo Sur

Rumbo Sur, con guion de Alejandro Farías y dibujos de Leo Sandoval, es una de las piezas más introspectivas y atmosféricas de la narrativa gráfica argentina contemporánea. Publicada originalmente por la editorial Morbo y posteriormente integrada en diversos catálogos de novela gráfica independiente, esta obra se aleja de los convencionalismos del género de aventuras para adentrarse en los terrenos del *noir* existencial y la *road movie* introspectiva. La premisa es, en apariencia, sencilla: un hombre llamado Renzo decide abandonar su vida en Buenos Aires para emprender un viaje en solitario hacia el sur del país. Sin embargo, lo que define a esta obra no es el destino, sino el peso del trayecto y la carga invisible que el protagonista transporta en su viejo automóvil.

Desde las primeras páginas, Farías establece un tono de melancolía contenida. No estamos ante una huida frenética llena de persecuciones, sino ante un retiro forzado por las circunstancias internas del personaje. Renzo es un hombre de pocas palabras, cuya psicología se revela al lector no a través de largos soliloquios, sino mediante sus reacciones ante el paisaje cambiante y los encuentros fortuitos en las estaciones de servicio y paradores de la Ruta 3. La narrativa se apoya en el silencio, permitiendo que la geografía argentina —desde la llanura pampeana hasta la aridez patagónica— actúe como un espejo del estado anímico del protagonista.

El trabajo de Leo Sandoval en el apartado visual es fundamental para sostener esta propuesta. Utilizando un blanco y negro de alto contraste, Sandoval logra capturar la inmensidad y, al mismo tiempo, la claustrofobia de la ruta. Su estilo se caracteriza por un uso expresionista de las sombras, donde los negros profundos no solo delimitan los espacios, sino que sugieren los secretos y las culpas que Renzo intenta dejar atrás. El dibujo no busca el realismo fotográfico, sino una verdad emocional; los rostros están marcados por el cansancio y los paisajes parecen estirarse hasta el infinito, acentuando la sensación de aislamiento. La composición de las viñetas juega con los horizontes bajos, dejando que el cielo ocupe gran parte del encuadre, lo que refuerza la pequeñez del ser humano frente a la naturaleza indómita del sur.

A medida que el vehículo avanza, la trama introduce elementos propios del género policial, pero tratados con una sutileza que evita el cliché. Hay una tensión latente en cada parada, una sospecha de que el pasado no ha sido completamente sepultado y que, tarde o temprano, alcanzará al viajero. Los personajes secundarios que aparecen brevemente en el camino —mecánicos, camareras de pueblo, otros viajeros— sirven para dar pinceladas sobre la realidad social y económica de las zonas rurales, aportando una capa de realismo sucio que enriquece el trasfondo de la historia.

El guion de Farías destaca por su economía de recursos. El autor confía plenamente en la capacidad narrativa de la imagen, reduciendo los diálogos a lo estrictamente necesario. Esta decisión permite que el ritmo del cómic sea pausado, casi hipnótico, obligando al lector a detenerse en los detalles y a procesar la información visual de manera reflexiva. La estructura de la obra imita el movimiento constante del motor: un fluir que solo se interrumpe por la necesidad de descanso o por imprevistos mecánicos que funcionan como metáforas de los obstáculos emocionales de Renzo.

En conclusión, Rumbo Sur es un ejercicio de estilo que demuestra la madurez de la historieta argentina actual. Es una obra que entiende el género negro no como una sucesión de crímenes, sino como una exploración de la condición humana en situaciones límite. La sinergia entre el guion minimalista de Farías y el arte atmosférico de Sandoval convierte a este cómic en una experiencia sensorial donde el frío, el viento y la soledad de la Patagonia se sienten en cada página. Es, en definitiva, un relato sobre la búsqueda de redención en un horizonte que parece alejarse a medida que uno intenta alcanzarlo.

Deja un comentario