*Cassio*, la ambiciosa serie creada por el guionista Stephen Desberg y el dibujante Henri Reculé, se erige como una de las obras más fascinantes del cómic europeo contemporáneo, fusionando con maestría el *thriller* arqueológico, la intriga política de la Antigua Roma y el drama de suspense. Publicada originalmente por la editorial belga Le Lombard, esta obra se aleja de los tropos habituales del género histórico para proponer un rompecabezas narrativo que se extiende a lo largo de dos milenios.
La premisa de la serie se articula sobre una estructura dual que alterna constantemente entre dos épocas separadas por siglos, pero unidas por un crimen sin resolver. Por un lado, nos situamos en el año 145 d.C., bajo el reinado de Antonino Pío. El protagonista, Lucius Aurelius Cassio, es un hombre de una influencia y riqueza inconmensurables. No es solo un abogado brillante y un consejero cercano al poder, sino que posee un aura casi mística: se rumorea que tiene el don de realizar curaciones milagrosas, lo que le otorga un estatus de semidiós entre la plebe y despierta un odio visceral entre sus enemigos. Sin embargo, a pesar de su aparente invulnerabilidad, Cassio es víctima de una conspiración brutal. Cuatro asesinos, personas de su círculo más íntimo, se unen para acabar con su vida en una noche que cambiará el curso de la historia oculta de Roma.
Por otro lado, la narrativa nos traslada a la época actual. Ornella Grazzi, una joven y tenaz arqueóloga, descubre en las excavaciones de Éfeso la tumba de Cassio. Este hallazgo no es solo un hito histórico, sino el inicio de una obsesión personal. A través de una serie de papiros y restos arqueológicos, Ornella comienza a reconstruir los últimos días del romano. Su investigación no busca solo entender quién fue este hombre, sino identificar a los cuatro responsables de su muerte y comprender los motivos que los llevaron a cometer tal magnicidio. Lo que comienza como un estudio académico pronto se convierte en una peligrosa búsqueda de la verdad, ya que los secretos que Cassio guardaba en el siglo II parecen tener ecos y consecuencias letales en el presente.
El guion de Desberg destaca por su precisión quirúrgica. El autor no se limita a presentar una historia de venganza, sino que explora la naturaleza del poder, la traición y la inmortalidad (tanto física como simbólica). La estructura de la serie está diseñada para que el lector vaya descubriendo, tomo a tomo, la identidad y las motivaciones de cada uno de los cuatro asesinos. Este enfoque permite profundizar en la psicología de los personajes secundarios, convirtiendo a los antagonistas en figuras complejas y tridimensionales, lejos de los villanos unidimensionales del género.
En el apartado visual, Henri Reculé realiza un trabajo soberbio. Su dibujo es detallado y riguroso en la ambientación histórica, logrando que la Roma del siglo II se sienta viva, sucia y vibrante, huyendo de la estética aséptica de otras obras. El contraste entre la luminosidad mediterránea de las escenas antiguas y la atmósfera más fría y tecnológica de la investigación moderna ayuda a mantener la dualidad narrativa sin confundir al lector. El diseño de Cassio, con su mirada penetrante y su presencia imponente, es fundamental para sostener el misterio sobre su verdadera naturaleza.
*Cassio* es, en esencia, un juego de espejos. A medida que Ornella desentierra el pasado, el lector se ve inmerso en una red de intrigas donde nada es lo que parece. La serie maneja con gran habilidad elementos que rozan lo fantástico —relacionados con la sangre de Cassio y sus supuestas propiedades—, pero siempre manteniendo los pies en la tierra gracias a un trasfondo político y social muy sólido. Es una obra imprescindible para quienes buscan un cómic histórico que no solo narre hechos, sino que construya un misterio absorbente que desafía el paso del tiempo. Sin recurrir a artificios innecesarios, Desberg y Reculé logran que la pregunta "¿Quién mató a Cassio?" sea tan relevante para el lector como lo es para la protagonista, manteniendo la tensión hasta la última página.