Blast, la obra magna del autor francés Manu Larcenet, se erige como uno de los pilares fundamentales de la novela gráfica contemporánea. Publicada originalmente en cuatro volúmenes entre 2009 y 2014, esta obra es un descenso visceral a las profundidades de la psique humana, la marginalidad y la búsqueda de una iluminación trascendental que el protagonista denomina, precisamente, el "Blast".
La narrativa se estructura a través de un extenso interrogatorio policial. Dos inspectores intentan reconstruir los hechos que llevaron a una mujer, Carole Oudinot, a un estado crítico en el hospital. El sospechoso es Polza Mancini, un hombre de una presencia física abrumadora: obeso, desaliñado y con una apariencia que oscila entre lo patético y lo amenazante. Polza acepta confesar, pero impone una condición: debe contar su historia desde el principio, sin prisas, obligando a los policías (y al lector) a recorrer el tortuoso camino que lo llevó hasta esa sala de interrogatorios.
El punto de inflexión en la vida de Polza es la muerte de su padre. Este evento actúa como el catalizador que lo empuja a abandonar su vida convencional, su esposa y su hogar para lanzarse a una existencia errante, viviendo en los márgenes de la civilización, habitando bosques y estructuras abandonadas. Es en este estado de despojo absoluto donde Polza experimenta por primera vez el "Blast": un momento de éxtasis sensorial y espiritual, una epifanía que detiene el tiempo y lo conecta con una realidad superior, despojada de las ataduras de la moral y la lógica social.
A lo largo de la obra, seguimos a Polza en su odisea por la Francia rural y sombría. Su viaje no es una búsqueda de redención, sino una huida hacia adelante en pos de repetir esa experiencia mística. En su camino se cruza con personajes tan rotos como él, destacando la figura de San Jacky, un hombre cuya locura y violencia espejan y contrastan con la introspección de Polza. La relación entre ambos marca uno de los puntos más oscuros y complejos de la trama, explorando los límites de la ética y la supervivencia.
Visualmente, *Blast* es una proeza técnica. Larcenet abandona el estilo caricaturesco de sus obras anteriores para adoptar un dibujo denso, sucio y profundamente expresivo. El uso del blanco y negro es magistral; las sombras parecen devorar a los personajes, reflejando el aislamiento y la pesadez existencial de Polza. El autor emplea texturas orgánicas, manchas de tinta y un trazo nervioso que transmite una constante sensación de incomodidad. Sin embargo, cuando el "Blast" ocurre, la estética cambia drásticamente: Larcenet introduce dibujos infantiles, explosiones de color o formas abstractas que rompen la monotonía grisácea de la realidad, permitiendo al lector visualizar la ruptura mental del protagonista.
La obra no solo trata sobre la locura o el crimen; es una crítica feroz a la mirada de la sociedad hacia lo "diferente". Polza es un paria no solo por sus actos, sino por su propia anatomía y su rechazo a las normas de convivencia. El cómic plantea preguntas incómodas sobre la naturaleza del arte, la verdad subjetiva y la delgada línea que separa la iluminación espiritual del colapso psicótico.
*Blast* es una lectura exigente y perturbadora. No busca agradar, sino sacudir. A través de sus más de ochocientas páginas, Larcenet construye un rompecabezas psicológico donde la tensión no reside solo en saber qué ocurrió con Carole Oudinot, sino en comprender la arquitectura mental de un hombre que decidió dejar de ser humano para convertirse en algo más, o quizás en algo mucho menos. Es, en definitiva, un estudio sobre la soledad absoluta y la búsqueda de un sentido en un mundo que parece haberlo perdido todo. Una obra imprescindible que redefine las capacidades narrativas del medio secuencial.