Los Profesionales, obra cumbre de Carlos Giménez, no es solo un cómic, sino un ejercicio de memoria histórica y un homenaje antropológico a una generación de artistas que definieron el noveno arte en España. Publicada originalmente de forma serializada a finales de los años 70 y principios de los 80, esta serie se aleja de la ficción de aventuras convencional para adentrarse en el género del costumbrismo autobiográfico, narrando con una mezcla de humor ácido y melancolía los entresijos de la industria del cómic en la Barcelona de los años sesenta.
La trama se sitúa en el corazón de la mítica agencia Selecciones Ilustradas, dirigida por el carismático y a veces despótico Josep Toutain. En este escenario, un grupo de jóvenes dibujantes —trasuntos de figuras reales como el propio Giménez, Pepe González, Luis García o Esteban Maroto— sobrevive a base de talento, picaresca y una cantidad ingente de horas frente al tablero. El cómic funciona como una crónica coral que retrata la transición de estos artistas desde un estatus de meros artesanos, que producían páginas a destajo para el mercado británico y estadounidense, hacia la consciencia de ser autores con voz propia.
El eje central de la obra es la cotidianidad del estudio. Giménez despliega una narrativa episódica donde los plazos de entrega asfixiantes, las bromas pesadas entre compañeros y las discusiones sobre técnica y estilo se entrelazan con la realidad social de la España franquista. A pesar de que los personajes dibujan mundos de fantasía, vaqueros heroicos y detectives sofisticados para editoriales extranjeras, sus propias vidas están marcadas por la precariedad, la falta de derechos laborales y la búsqueda constante de una identidad artística en un entorno que los trataba como piezas de una cadena de montaje.
Uno de los puntos más fuertes de *Los Profesionales* es la caracterización de sus protagonistas. A través de personajes como Pablo (el alter ego de Giménez), Filstrup o el carismático y enigmático Sirvent, el autor logra capturar la esencia de la bohemia barcelonesa de la época. No son héroes, sino trabajadores del lápiz que comparten sueños de grandeza mientras lidian con la censura, la falta de pago y la incertidumbre de una profesión que muchos consideraban menor. La camaradería es el pegamento que une estas historias; las cenas compartidas, los viajes en coches destartalados y las anécdotas de oficina construyen un retrato humano profundamente honesto.
Visualmente, la obra muestra a un Carlos Giménez en la plenitud de sus facultades. Su estilo, caracterizado por un dibujo expresivo, dinámico y un uso magistral del blanco y negro, dota a las viñetas de una vitalidad cinematográfica. Giménez posee una capacidad única para la caricatura sin perder el realismo, logrando que los rostros y los gestos de los dibujantes transmitan tanto el agotamiento físico como la chispa del ingenio. El diseño de las páginas, a menudo densas y cargadas de diálogos rápidos y punzantes, refleja el ritmo frenético de la agencia y la efervescencia creativa del grupo.
*Los Profesionales* es, en última instancia, un "cómic sobre cómo se hacen los cómics", pero despojado de cualquier romanticismo ingenuo. Es un testimonio crudo y a la vez tierno sobre una industria que exportaba talento a raudales mientras sus protagonistas intentaban encontrar su lugar en el mundo. Para el lector contemporáneo, esta obra representa una puerta de acceso privilegiada a la historia del medio en España, permitiendo entender las raíces de la novela gráfica actual y el sacrificio de aquellos que, armados solo con plumillas y tinta china, sentaron las bases de la profesión. Sin necesidad de recurrir a grandes giros de guion ni a artificios narrativos, Giménez consigue que la simple rutina de un estudio de dibujo se convierta en una epopeya humana inolvidable.