Doctor Who – TV Comic

La andadura de Doctor Who en el noveno arte tiene su origen más remoto y longevo en las páginas de TV Comic, una revista antológica británica que albergó las aventuras del Señor del Tiempo durante quince años, desde 1964 hasta 1979. Esta etapa es fundamental para comprender la evolución de la franquicia fuera de la pantalla, ya que estableció las bases de lo que hoy conocemos como el "Universo Expandido", operando en una época donde la continuidad no era una prioridad y la experimentación era la norma.

El cómic comenzó su publicación apenas un año después del debut de la serie en la BBC. En sus inicios, bajo la era del Primer Doctor (William Hartnell), las tiras fueron ilustradas por Neville Main. Lo más distintivo de este periodo es la introducción de John y Gillian, dos personajes creados exclusivamente para el cómic que servían como nietos del Doctor. A diferencia de la serie de televisión, donde Susan Foreman era su única familia conocida, el cómic optó por un enfoque más juvenil y pedagógico, enviando al trío a mundos fantásticos que a menudo recordaban más a cuentos de hadas espaciales que a la ciencia ficción dura.

Con la regeneración del protagonista en el Segundo Doctor (Patrick Troughton), el estilo visual y narrativo de *TV Comic* sufrió una transformación notable. Los artistas Bill Mevin y, posteriormente, John Marshall, comenzaron a capturar con mayor fidelidad la energía maníaca y el carisma del personaje. En esta etapa, el cómic empezó a alejarse de la fantasía infantil para abrazar elementos más tecnológicos y amenazas alienígenas más robustas, aunque todavía mantenía una independencia creativa casi total respecto a los guiones televisivos. Fue un periodo de transición donde la tira empezó a buscar su propia identidad visual, experimentando con el diseño de página y el ritmo de las viñetas semanales.

Un hito importante ocurrió en 1971, cuando la licencia se trasladó brevemente a la revista hermana TV Action para coincidir con la era del Tercer Doctor (Jon Pertwee). Aquí, el cómic adoptó un tono más realista y dinámico, reflejando el cambio de la serie hacia la acción terrestre y el apoyo de la organización UNIT. Los dibujos de Gerry Haylock durante este tiempo son especialmente recordados por su detallismo y por lograr un parecido asombroso con los actores reales. Las historias se volvieron más complejas, con arcos argumentales que, aunque breves debido al formato de la revista, lograban condensar la esencia de la era de Pertwee: persecuciones, gadgets científicos y una defensa férrea de la Tierra.

Cuando la tira regresó a *TV Comic* en 1973, continuó evolucionando hasta alcanzar su cénit artístico con la llegada del Cuarto Doctor (Tom Baker). Es en este periodo donde encontramos el trabajo de un joven Dave Gibbons, quien años más tarde alcanzaría la fama mundial con *Watchmen*. La etapa de Gibbons en *TV Comic* es considerada por muchos expertos como el estándar de oro de la publicación. Su capacidad para plasmar la expresividad de Baker y su dominio de la narrativa secuencial elevaron el cómic a un nivel de profesionalismo técnico que rivalizaba con las mejores publicaciones de la época. Las historias se volvieron más atmosféricas, explorando el horror gótico y la ciencia ficción de vanguardia que caracterizaba a la serie en mediados de los años 70.

Narrativamente, *TV Comic* se caracteriza por su brevedad. Al ser una publicación semanal de antología, las entregas solían constar de apenas dos o tres páginas, lo que obligaba a los guionistas a utilizar *cliffhangers* constantes y un ritmo frenético. Esta limitación de espacio fomentó una narrativa muy visual, donde la acción debía ser inmediata y los diálogos precisos. A lo largo de sus más de 700 entregas, el cómic no solo presentó al Doctor, sino que también integró de forma intermitente a enemigos icónicos como los Daleks (aunque con restricciones de derechos que a veces obligaban a cambios creativos) y los Cybermen.

En conclusión, *Doctor Who – TV Comic* es una pieza histórica esencial. Representa una era de libertad creativa absoluta, previa a la estandarización

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