Luba, la monumental obra de Gilbert Hernandez (conocido como Beto), representa uno de los pilares fundamentales del cómic independiente contemporáneo y una pieza clave dentro del vasto universo de *Love and Rockets*. Esta serie, que funciona como una secuela directa y expansión de la mítica saga de *Palomar*, traslada el foco narrativo desde el pequeño pueblo centroamericano ficticio hacia los Estados Unidos, siguiendo el rastro de su protagonista homónima y su extensa, compleja y a menudo disfuncional familia.
La narrativa de *Luba* se aleja del realismo mágico que caracterizó los primeros años de *Palomar* para adentrarse en un realismo social y psicológico mucho más crudo, aunque sin abandonar nunca ese estilo visual expresionista y de alto contraste que define a Beto. La historia comienza cuando Luba, la carismática y autoritaria matriarca que una vez fue la dueña de los baños públicos y alcaldesa de Palomar, decide emigrar al norte. Este cambio de escenario no es solo geográfico, sino también tonal: la obra explora el choque cultural, la asimilación y la persistencia de los traumas del pasado en un entorno urbano y moderno.
El eje central del cómic es la psique de Luba, una mujer definida por su imponente presencia física y una voluntad inquebrantable forjada a través de décadas de supervivencia. Sin embargo, la serie no se limita a ella. Gilbert Hernandez construye un árbol genealógico ramificado donde cada rama tiene su propio peso. Conocemos a sus hijas —Maricela, Guadalupe, Casimira, Doralis, Socorro y Joselito—, cada una lidiando con el peso de la herencia materna y buscando su propia identidad en un mundo que las observa con prejuicio o indiferencia. A esto se suma la introducción y desarrollo de las hermanas de Luba, Petra y Fritz, cuyos caminos se entrelazan con el de la protagonista, revelando secretos familiares enterrados durante años.
Desde un punto de vista estructural, *Luba* es una saga de largo aliento que abarca varias generaciones. Hernandez utiliza una narrativa fragmentada pero cohesiva, donde el tiempo fluye de manera orgánica. Los personajes envejecen, cambian de opinión, cometen errores irreparables y buscan redención. La obra trata temas universales como la maternidad, la sexualidad femenina, la violencia política y la búsqueda del "sueño americano", pero siempre desde una perspectiva íntima y profundamente humana. No hay héroes ni villanos absolutos; hay personas intentando navegar las consecuencias de sus decisiones.
Visualmente, el trabajo de Gilbert Hernandez en esta etapa muestra una madurez absoluta. Su dibujo, influenciado tanto por el arte de Jack Kirby como por la estética de los cómics de Archie y el cine de la Época de Oro mexicana, utiliza líneas gruesas y sombras densas para enfatizar la emocionalidad de las escenas. La capacidad de Beto para transmitir estados de ánimo complejos a través de la fisonomía de sus personajes es inigualable en el medio. Cada rostro en *Luba* cuenta una historia de fatiga, deseo o determinación.
El cómic también destaca por su valentía al abordar la política y la cultura popular. A través de personajes como Fritz, que se convierte en una estrella del cine de serie B, Hernandez reflexiona sobre la explotación de la imagen femenina y la naturaleza de la fama. Mientras tanto, las subtramas que involucran el pasado de Luba en su país de origen sirven como un recordatorio constante de cómo la violencia sistémica moldea el carácter de los individuos.
En resumen, *Luba* es una crónica exhaustiva sobre la resiliencia. Es un estudio de personajes que desafía las convenciones del género al centrarse en una mujer madura, fuerte y profundamente imperfecta. Para el lector, enfrentarse a esta obra supone sumergirse en un río narrativo donde lo cotidiano se vuelve épico. Es, sin duda, una de las exploraciones más honestas y ambiciosas sobre la identidad latina y la experiencia femenina que se han plasmado jamás en el papel, consolidando a Gilbert Hernandez como uno de los narradores más importantes de la literatura dibujada.