Alim el curtidor

Alim el curtidor (*Alim le tanneur*), con guion de Wilfrid Lupano y dibujo de Virginie Augustin, es una de las obras más lúcidas y punzantes de la narrativa gráfica europea contemporánea. Publicada originalmente en cuatro álbumes, esta saga se aleja de los tropos convencionales de la fantasía heroica para adentrarse en los terrenos de la sátira política, la crítica religiosa y el drama humano, todo ello envuelto en una estética visualmente deslumbrante.

La historia nos sitúa en un imperio teocrático vasto y opresivo, cuya cohesión social y política depende estrictamente de la interpretación de las sagradas escrituras del Profeta Jeseth. En este contexto conocemos a Alim, un hombre humilde que pertenece a la casta de los curtidores, considerada impura por la religión oficial. Alim vive al margen de los lujos y el poder, dedicado a su oficio y al cuidado de su pequeña hija, Bul, y de su anciano y excéntrico suegro, Toron. Su existencia es gris y sacrificada, marcada por el estigma social, pero estable dentro de su precariedad.

El conflicto estalla cuando, de manera accidental, Alim encuentra un objeto antiguo entre los restos de un naufragio: un ídolo que contradice frontalmente el dogma oficial sobre el origen del Profeta y la creación del imperio. Lo que para cualquier otro sería un hallazgo arqueológico, en manos de un curtidor se convierte en una sentencia de muerte. Este objeto no es solo una reliquia; es una prueba tangible de que los cimientos sobre los que se erige el poder de las autoridades religiosas son una invención interesada.

A partir de este descubrimiento, la vida de Alim da un vuelco absoluto. Perseguido por la guardia imperial y por fanáticos que ven en él una amenaza a la estabilidad del mundo conocido, el protagonista se ve obligado a huir junto a su familia. La obra se transforma entonces en una *road movie* épica y desesperada que atraviesa desiertos, ciudades decadentes y paisajes desolados, mientras los personajes intentan comprender la magnitud de la verdad que portan.

El guion de Lupano destaca por su capacidad para construir un mundo complejo sin recurrir a largas exposiciones. La jerarquía social, la hipocresía de las élites y el fervor ciego de las masas se presentan de forma orgánica a través de las vivencias de los protagonistas. Alim no es el arquetipo de héroe valiente; es un hombre aterrado cuya única motivación es la supervivencia de su hija. Es esta humanidad la que ancla la historia, permitiendo que los temas más densos —como el uso de la fe como herramienta de control o la fragilidad de la verdad histórica— resulten accesibles y profundamente conmovedores.

Por su parte, el trabajo de Virginie Augustin es fundamental para la identidad del cómic. Su dibujo combina una delicadeza expresiva en los rostros con una grandiosidad arquitectónica impresionante. Augustin logra que el lector sienta el calor asfixiante del desierto, la suciedad de los barrios bajos y la opulencia estéril de los palacios. El diseño de personajes es distintivo, huyendo de los cánones de belleza tradicionales para ofrecer figuras cargadas de personalidad y peso dramático. El uso del color refuerza la atmósfera de cada volumen, evolucionando desde los tonos cálidos y terrosos del inicio hacia paletas más frías y melancólicas conforme la odisea de Alim se vuelve más oscura.

*Alim el curtidor* es, en esencia, una fábula filosófica sobre la libertad de pensamiento frente al dogmatismo. A través de sus cuatro arcos argumentales, la obra explora cómo el poder reacciona ante la disidencia y cómo la ignorancia puede ser cultivada deliberadamente para mantener el orden. Sin embargo, nunca pierde de vista el núcleo emocional: la relación entre un padre y una hija que intentan encontrar un lugar en un mundo que los rechaza. Es una lectura imprescindible para quienes buscan en el cómic una experiencia que combine la aventura clásica con una reflexión intelectual profunda y necesaria.

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