Eco Warriors: Orangután es una pieza fundamental dentro de la vertiente más comprometida del cómic europeo contemporáneo. Publicada originalmente bajo el sello francés Bamboo (en su colección Grand Angle), esta obra cuenta con el guion de Richard Marazano y el arte de Lucy Mazel. Se sitúa en la intersección entre el *thriller* de acción, el drama político y la denuncia medioambiental, alejándose de los sermones moralistas para ofrecer una narrativa cruda sobre la supervivencia de los ecosistemas y la ética del activismo radical.
La trama nos presenta a los "Eco Warriors", un grupo clandestino de activistas internacionales que han decidido que la diplomacia y las peticiones de firmas ya no son suficientes para frenar la destrucción del planeta. En este volumen específico, el foco se traslada a las densas y amenazadas selvas de Indonesia, concretamente a las islas de Borneo y Sumatra. El objetivo de la misión es tan claro como peligroso: detener la expansión descontrolada de las plantaciones de palma de aceite, una industria multimillonaria que está borrando del mapa uno de los pulmones verdes más importantes del mundo y condenando a la extinción al orangután.
La narrativa se estructura a través de los ojos de un equipo multidisciplinar liderado por Chris, un hombre cuya determinación bordea el fanatismo. El grupo no busca el diálogo; su metodología se basa en la acción directa, el sabotaje de maquinaria pesada y la exposición mediática de las corporaciones que operan fuera de la legalidad o bajo el amparo de gobiernos corruptos. Sin embargo, la historia evita caer en el maniqueísmo. Marazano explora las zonas grises del conflicto, mostrando no solo la avaricia corporativa, sino también la desesperación de las poblaciones locales que dependen económicamente de estas industrias para sobrevivir, creando un ecosistema de tensiones donde no hay soluciones fáciles.
El orangután, que da título al tomo, funciona como un símbolo silencioso y poderoso. A través de secuencias visuales impactantes, el cómic retrata la pérdida de hábitat de estos primates, forzados a desplazarse hacia zonas donde son cazados o mueren por la falta de recursos. La obra logra transmitir la angustia de una especie que observa cómo su mundo se reduce a cenizas para satisfacer la demanda global de productos de consumo diario.
En el apartado visual, Lucy Mazel realiza un trabajo excepcional que eleva la narrativa. Su estilo se caracteriza por una paleta de colores orgánica que captura la exuberancia de la selva tropical, pero que sabe transformarse en tonos asfixiantes y grisáceos cuando la acción se traslada a las zonas deforestadas o a los enfrentamientos nocturnos. El diseño de personajes es expresivo y realista, permitiendo que el lector conecte con la fatiga física y emocional de los activistas. Mazel destaca especialmente en la representación de la naturaleza; sus paisajes no son meros fondos, sino un personaje vivo que sangra y se retuerce bajo la presión de la maquinaria industrial.
El ritmo de la obra es el de un *thriller* de alta tensión. Desde la infiltración inicial en territorio hostil hasta las persecuciones en el corazón de la jungla, el guion mantiene una presión constante. Los Eco Warriors deben enfrentarse no solo a las fuerzas de seguridad privadas de las empresas madereras, sino también a las inclemencias del terreno y a sus propias dudas internas sobre la legitimidad de sus métodos. ¿Es lícito utilizar la violencia para proteger la vida? ¿Dónde termina el activismo y dónde empieza el ecoterrorismo? Estas preguntas subyacen en cada página, obligando al lector a posicionarse.
Eco Warriors: Orangután no es solo un cómic sobre ecología; es un retrato sobre la resistencia en un mundo que parece haber aceptado la destrucción como el precio del progreso. Es una obra necesaria que utiliza el lenguaje del noveno arte para dar voz a una crisis urgente, combinando una ejecución técnica impecable con un mensaje que resuena mucho después de cerrar el libro. Sin recurrir a giros artificiales, la obra se sostiene por la fuerza de su premisa y la honestidad de su planteamiento, consolidándose como un referente del cómic de denuncia social del siglo XXI.