Creatures, la obra escrita por Stéphane Betbeder y magistralmente ilustrada por Djief, se posiciona como una de las propuestas más asfixiantes y visualmente cautivadoras de la *bande dessinée* contemporánea. Enmarcada en un género que hibrida el terror sobrenatural con el *survival* post-apocalíptico, la serie nos traslada a una ciudad de Nueva York que ha dejado de ser la metrópolis que conocemos para convertirse en un laberinto de pesadilla sumergido en una bruma eterna.
La premisa arranca con un evento catastrófico conocido como "La Gran Niebla". Este fenómeno meteorológico de origen desconocido no solo ha anulado la visibilidad en la Gran Manzana, sino que ha traído consigo la desintegración del orden social tal como lo entendemos. El elemento más perturbador de esta premisa es la desaparición o transformación de la población adulta. Los mayores, aquellos que debían proteger y guiar, han sucumbido a la locura, se han convertido en cáscaras vacías o, peor aún, se han transformado en entidades hostiles y monstruosas que acechan entre el vapor grisáceo.
En este escenario de desolación, el protagonismo recae sobre un grupo de niños y adolescentes que han logrado sobrevivir milagrosamente a la exposición inicial. Liderados por "Chief", un joven cuya determinación es tan fuerte como sus traumas, este pequeño grupo de supervivientes ha establecido su base de operaciones en la Biblioteca Pública de Nueva York. Este refugio no es solo un techo; es un bastión de la civilización perdida donde intentan mantener un simulacro de normalidad mientras recolectan víveres y evitan ser detectados por las amenazas que patrullan las calles.
La narrativa de Betbeder se aleja de los tropos habituales de la aventura juvenil para adentrarse en un terreno mucho más oscuro y psicológico. La supervivencia en *Creatures* no se limita a encontrar comida o refugio; es una lucha constante contra el miedo paralizante y la pérdida de la inocencia. Los niños deben enfrentarse a dilemas morales que superarían a cualquier adulto, mientras intentan descifrar las reglas de un mundo que ya no les pertenece. La dinámica del grupo es el corazón de la historia: las lealtades, los miedos individuales y la formación de una nueva jerarquía social en ausencia de figuras de autoridad.
El apartado visual de Djief es, sin duda, el pilar que sostiene la atmósfera de la obra. Su representación de una Nueva York decrépita, devorada por la vegetación y oculta tras capas de niebla, es soberbia. El uso del color es estratégico: predominan los tonos fríos, grises y azulados que transmiten una sensación de humedad y desesperanza, rotos ocasionalmente por el brillo de una linterna o el fuego, que actúan como símbolos de la frágil vida que aún resiste. El diseño de las "criaturas" que dan nombre al cómic es original y perturbador, alejándose de los monstruos genéricos para ofrecer visiones que parecen extraídas de una pesadilla lovecraftiana adaptada al entorno urbano.
A medida que la trama avanza, el misterio se profundiza. La niebla no es un simple elemento atmosférico; parece tener una voluntad propia o ser el subproducto de algo mucho más antiguo y terrible que ha despertado bajo la ciudad. Los protagonistas descubren que no están solos en su lucha y que otros grupos de supervivientes han desarrollado métodos de subsistencia mucho más oscuros y violentos. La tensión se mantiene constante gracias a un ritmo narrativo que alterna momentos de calma tensa con secuencias de acción frenética y horror puro.
*Creatures* es una exploración sobre la resiliencia humana vista a través de los ojos de quienes menos herramientas tienen para defenderse. Es una obra que cuestiona qué queda de nosotros cuando el mundo que construimos se desvanece y solo queda el instinto primario de sobrevivir un día más en la oscuridad. Sin recurrir a soluciones fáciles ni a un optimismo ingenuo, Betbeder y Djief construyen un relato sólido, coherente y profundamente inquietante que atrapa al lector desde la primera viñeta, obligándolo a caminar junto a sus protagonistas por las calles neblinosas de una ciudad que ya no duerme