Judas, la miniserie de cuatro números escrita por Jeff Loveness e ilustrada por Jakub Rebelka, es una de las obras más introspectivas y visualmente impactantes publicadas por BOOM! Studios en los últimos años. Este cómic no es una simple recreación de los relatos bíblicos, sino una exploración teológica y existencialista que utiliza la figura del traidor más famoso de la historia para cuestionar conceptos como el libre albedrío, la predestinación y la naturaleza del perdón.
La narrativa comienza exactamente donde termina el relato tradicional: tras la traición a Jesús de Nazaret y su posterior suicidio, Judas Iscariote despierta en el Infierno. Sin embargo, este no es el averno de fuego y azufre al que la iconografía popular nos tiene acostumbrados. El Infierno de Loveness y Rebelka es un lugar de desolación infinita, un vacío existencial donde las almas vagan procesando su desesperanza. Es en este escenario donde Judas comienza un viaje de autodescubrimiento y confrontación con su propio papel en la historia de la humanidad.
El núcleo del cómic reside en una pregunta incómoda y profundamente filosófica: si la muerte de Jesús era necesaria para la salvación de la humanidad según el plan divino, ¿no era entonces necesaria también la traición de Judas? Bajo esta premisa, el protagonista se percibe a sí mismo no como un villano por elección, sino como una pieza de ajedrez sacrificada por un bien mayor en un juego cuyas reglas él no escribió. Esta sensación de injusticia cósmica es el motor que impulsa la trama, llevando a Judas a recorrer los paisajes del inframundo en busca de respuestas.
A lo largo de su travesía, Judas se encuentra con otras figuras caídas, siendo su interacción con Lucifer el punto álgido de la obra. Lucifer no es retratado aquí como el epítome del mal absoluto, sino como un ser que comparte el mismo resentimiento y la misma soledad que Judas: la soledad de aquellos que han sido designados como los antagonistas necesarios en la historia de otro. El diálogo entre ambos personajes sirve para desgranar la estructura de la narrativa bíblica desde la perspectiva de los "perdedores", analizando la crueldad que puede esconderse tras la idea de un destino ineludible.
El apartado visual de Jakub Rebelka es, sin lugar a dudas, el elemento que eleva este cómic a la categoría de obra maestra visual. El estilo de Rebelka combina una estética que recuerda a las vidrieras de las catedrales góticas con un surrealismo oscuro y moderno. Su uso del color es magistral; las páginas están dominadas por azules profundos, púrpuras y dorados apagados que refuerzan la atmósfera de melancolía y misticismo. Cada viñeta está cargada de simbolismo, y la arquitectura del Infierno que diseña es a la vez majestuosa y aterradora, logrando que el entorno se sienta como un personaje más que refleja el estado interno de Judas.
Jeff Loveness, conocido por su trabajo en guiones de comedia y superhéroes, demuestra aquí una sensibilidad literaria sorprendente. Su escritura es poética y densa, pero nunca pretenciosa. Logra humanizar a un personaje que ha sido el paria de la historia durante dos milenios, dotándolo de una voz vulnerable y furiosa a la vez. El guion no busca justificar las acciones de Judas, sino entender el peso de su arrepentimiento y la paradoja de su existencia.
En conclusión, Judas es un cómic que trasciende su origen religioso para convertirse en una meditación universal sobre la identidad y la redención. Es una lectura esencial para quienes buscan historias que desafíen sus preconcepciones y que utilicen el medio del cómic para explorar temas complejos con una madurez narrativa y visual excepcional. La obra invita al lector a mirar en la oscuridad y preguntarse si, incluso en el lugar más alejado de la luz, existe la posibilidad de encontrar una verdad propia fuera de los guiones impuestos por el destino.