Publicado originalmente en 2006 por la editorial Boom! Studios, *Tag* es una miniserie de tres números que se sitúa como una de las propuestas más crudas y viscerales dentro del género del horror contemporáneo en el noveno arte. Escrita por Keith Giffen —un autor versátil conocido tanto por su trabajo en el género de superhéroes como por su capacidad para la sátira— e ilustrada por Kody Chamberlain, esta obra se aleja de los convencionalismos del terror sobrenatural gótico para abrazar un horror urbano, físico y profundamente existencial.
La premisa de *Tag* parte de una cotidianidad absoluta que se ve fracturada por un evento aparentemente insignificante. El protagonista, Jeff Nelson, es un hombre común con una vida ordinaria cuya existencia cambia de forma irreversible tras un encuentro fortuito en la calle. Un desconocido se le acerca, lo toca y pronuncia una frase que todos conocemos desde la infancia: "Tú la llevas" (*Tag, you're it*). Lo que en el contexto de un juego infantil es una dinámica de persecución y diversión, aquí se revela como el inicio de una maldición biológica y metafísica de proporciones devastadoras.
A partir de ese contacto físico, el cuerpo de Jeff comienza a experimentar una transformación aterradora. No se trata de una metamorfosis fantástica o de la adquisición de habilidades sobrehumanas; es, literalmente, una descomposición acelerada mientras el sujeto permanece plenamente consciente. Jeff empieza a pudrirse en vida. La narrativa se centra en el proceso de deshumanización física: la piel que se desprende, el olor a muerte que lo persigue y la pérdida de funciones vitales básicas. Giffen utiliza este recurso para explorar la fragilidad de la identidad humana cuando el envase físico que nos sostiene se desmorona ante nuestros ojos.
El conflicto central de la obra no reside únicamente en el horror corporal (*body horror*), sino en el dilema moral que la "regla del juego" impone. La única forma de detener el proceso de putrefacción y salvar la propia vida es pasar la maldición a otra persona mediante el tacto. Esta mecánica convierte al cómic en un estudio sobre el egoísmo, la desesperación y la ética de la supervivencia. El lector acompaña a Jeff en un descenso a los infiernos donde la pregunta no es solo si podrá sobrevivir, sino a qué precio y a quién está dispuesto a condenar para lograrlo.
Visualmente, el trabajo de Kody Chamberlain es fundamental para establecer la atmósfera opresiva de la historia. Con un estilo que utiliza contrastes fuertes, sombras densas y una paleta de colores que evoca suciedad y enfermedad, Chamberlain logra que el lector sienta la textura de la decadencia. Su dibujo no busca la belleza estética, sino la efectividad narrativa del horror. El diseño de la progresión del estado físico de Jeff es detallado y perturbador, logrando que la degradación del protagonista sea casi palpable en cada página. El arte refuerza la sensación de aislamiento urbano; las ciudades se presentan como lugares fríos y desalmados donde cualquiera puede ser una víctima o un verdugo.
*Tag* se distingue de otras historias de zombis o maldiciones por su enfoque minimalista y directo. No hay grandes explicaciones sobre el origen del mal, ni organizaciones secretas tratando de contenerlo. Es una tragedia íntima y a pequeña escala que resuena por su simplicidad. La obra funciona como una metáfora de las enfermedades de transmisión, del estigma social y de la alienación que produce el miedo al contacto ajeno. En un mundo donde el contacto físico es la vía de contagio, el prójimo deja de ser un igual para convertirse en una amenaza o en una salida de emergencia.
En resumen, *Tag* es una pieza de horror psicológico y físico que utiliza un tropo infantil para despojar al ser humano de su dignidad y enfrentarlo a sus instintos más primarios. Keith Giffen y Kody Chamberlain construyen un relato seco, sin concesiones al lector, que se mantiene fiel a su premisa de principio a fin, explorando los rincones más oscuros de la voluntad de vivir cuando la muerte ya ha reclamado el cuerpo. Es una lectura esencial para quienes buscan un cómic de terror que priorice la atmósfera y el impacto emocional sobre el espectáculo visual vacío.