Tufo y Doblón representa uno de los hitos más depurados del cómic de humor y aventuras en la España de los años 80. Creada por el dibujante y guionista Ramón María Casanyes, esta serie se desmarca de la producción estándar de la época por su altísima calidad técnica y su capacidad para hibridar el género de la picaresca con la aventura clásica. La obra, que vio la luz originalmente en cabeceras como *Mortadelo* y posteriormente en la revista *Yo y Yo*, se centra en las peripecias de una pareja de buscavidas cuya ambición es inversamente proporcional a su fortuna.
La narrativa se sostiene sobre dos pilares fundamentales: Doblón, un aventurero de aspecto rudo, nariz prominente y moral elástica, y Tufo, su fiel compañero canino, un perro de raza indeterminada que a menudo demuestra poseer más sentido común y cinismo que su amo. El nombre de los personajes no es casual; "Doblón" alude directamente a la moneda de oro española, motor de todas sus motivaciones, mientras que "Tufo" sugiere el rastro, a veces poco glamuroso, que siguen en sus andanzas.
A diferencia de otros cómics de la escuela Bruguera, donde la acción suele estar confinada a entornos urbanos o domésticos, *Tufo y Doblón* traslada al lector a escenarios exóticos y épocas que evocan la era de la piratería, las exploraciones coloniales y los ambientes portuarios del siglo XVIII y XIX. Sin embargo, no se adhiere a un rigor histórico estricto, sino que utiliza estos entornos como un tablero de juego para desarrollar tramas de enredo, persecuciones y, sobre todo, la búsqueda incansable de tesoros que siempre parecen estar al alcance de la mano para terminar desvaneciéndose por errores propios o giros del destino.
El guion de Casanyes evita el chiste fácil y se apoya en una estructura de "slapstick" coreografiado con precisión quirúrgica. Doblón es el arquetipo del buscavidas que, a pesar de sus constantes fracasos, mantiene un optimismo patológico. Su relación con Tufo es el corazón emocional de la serie; el perro no es un simple secundario cómico, sino un observador crítico de la realidad. A través de los pensamientos o gestos de Tufo, el autor introduce una capa de ironía que eleva el tono de la historieta, permitiendo que tanto el público infantil como el adulto encuentren niveles de lectura diferenciados.
Visualmente, la obra es un despliegue de virtuosismo. Casanyes, quien trabajó durante años en el equipo de Francisco Ibáñez, demuestra aquí una madurez artística superior. Su dibujo se caracteriza por una línea limpia y dinámica, un diseño de personajes extremadamente expresivo y, sobre todo, una atención al detalle en los fondos que era inusual en las publicaciones de consumo masivo de aquel entonces. Los barcos, las tabernas y las selvas están dibujados con una riqueza de texturas que dota a la serie de una atmósfera tangible. El uso del color y la composición de las viñetas buscan siempre la fluidez narrativa, logrando que las escenas de acción resulten vibrantes y fáciles de seguir.
El conflicto central de cada episodio suele nacer de la necesidad económica. La pareja se ve envuelta en planes descabellados para obtener riquezas rápidas, lo que los lleva a interactuar con gobernadores corruptos, piratas despiadados y comerciantes sin escrúpulos. Lo que define a *Tufo y