*La prórroga* (*La Prolongation*), obra del autor francés Manu Boisteau, se presenta como una de las propuestas más lúcidas y melancólicas del cómic contemporáneo europeo, recientemente editada en España por Astiberri. A través de una narrativa que bascula entre el realismo cotidiano y una sutil desesperación existencial, Boisteau construye un relato que utiliza el fútbol no como un espectáculo de masas, sino como el último refugio de una identidad en proceso de desvanecimiento.
La historia se centra en Jean-Pierre, un hombre que ha cruzado el umbral de los cincuenta años y cuya existencia parece haberse estancado en una inercia gris. Jean-Pierre es el arquetipo del hombre invisible: posee un trabajo administrativo monótono que no le reporta satisfacción alguna, habita un entorno doméstico marcado por la soledad y mantiene interacciones sociales que apenas rozan la superficie. Su única conexión genuina con el mundo, el único motor que genera una respuesta emocional en su pecho, es su lealtad inquebrantable hacia un modesto club de fútbol local que languidece en las categorías inferiores.
El título de la obra funciona como una metáfora poliédrica. En términos deportivos, la prórroga es ese tiempo extra, a menudo agónico, donde se decide un destino que parecía sentenciado. Para el protagonista, su vida misma ha entrado en esa fase. Jean-Pierre no vive; resiste en un tiempo suplementario donde las oportunidades de cambio son escasas y el cansancio físico y mental empieza a pasar factura. La trama se dispara cuando esta rutina se ve alterada por un suceso que obliga al protagonista a confrontar la vacuidad de su día a día y la naturaleza de sus obsesiones.
Boisteau evita con inteligencia los tropos habituales de las historias de superación. No estamos ante un relato de redención deportiva ni ante una comedia de enredos. *La prórroga* es un estudio de personaje profundamente humano. El autor disecciona la psicología del aficionado que deposita sus esperanzas en once desconocidos para compensar sus propios fracasos personales. El fútbol aquí es un bálsamo amargo; es lo que permite a Jean-Pierre sentir que pertenece a algo, aunque ese "algo" sea un equipo que pierde sistemáticamente en estadios semivacíos bajo la lluvia.
Visualmente, el cómic opta por una estética que refuerza la temática de la obra. El dibujo de Boisteau es de una línea clara pero vibrante, capaz de capturar la expresividad de la derrota en el rostro de sus personajes. La paleta de colores y la composición de las viñetas enfatizan la monotonía de los espacios urbanos y la frialdad de las oficinas, contrastándolas con la atmósfera eléctrica, aunque decadente, de las gradas del estadio. El ritmo narrativo es pausado, permitiendo que los silencios y las miradas perdidas de Jean-Pierre comuniquen más que cualquier diálogo expositivo.
La obra también funciona como una crítica social indirecta. A través de las vivencias del protagonista, se vislumbra la precariedad emocional de una generación que se siente desplazada por la modernidad y la eficiencia tecnológica. Jean-Pierre es un hombre de otra época que intenta encontrar sentido en un presente que parece haber prescindido de él. La "prórroga" es, por tanto, ese espacio de resistencia donde el individuo intenta mantener su dignidad frente a la indiferencia del entorno.
Sin recurrir a giros argumentales artificiosos, Boisteau logra que el lector empatice con la vulnerabilidad de su protagonista. La genialidad de *La prórroga* reside en su capacidad para elevar lo mundano a la categoría de reflexión filosófica. Es una lectura imprescindible para quienes buscan en el noveno arte una mirada honesta sobre la madurez, la soledad y esos pequeños rituales —como ir al fútbol cada domingo—