En un lugar de la mente, obra cumbre de Josep María Beà, representa uno de los hitos más significativos del cómic adulto español de la década de los ochenta. Publicada originalmente de forma serializada en la revista *1984* a partir de 1981, esta obra supuso una ruptura radical con las convenciones narrativas del género fantástico y de ciencia ficción que predominaban en la época, desplazando el foco de la aventura exterior hacia el abismo de la introspección psicológica.
La premisa del cómic se aleja de las estructuras lineales tradicionales. La narrativa nos presenta a un protagonista que funciona como un trasunto del propio autor, quien se sumerge en un periplo a través de los estratos de su propia consciencia. No estamos ante un viaje físico, sino ante una cartografía de lo intangible. El escenario principal es un desierto metafísico, un espacio liminal donde las leyes de la física son sustituidas por las leyes del subconsciente. En este entorno, el personaje interactúa con diversas manifestaciones de su memoria, sus miedos y sus impulsos creativos, buscando descifrar los enigmas que componen su identidad.
Desde el punto de vista temático, Beà explora la infancia no como un refugio nostálgico, sino como un territorio cargado de simbolismo y, en ocasiones, de una inquietante extrañeza. La obra aborda la represión, el peso de la educación religiosa, el despertar de la curiosidad intelectual y la naturaleza fragmentaria del recuerdo. Cada capítulo funciona como una pieza de un rompecabezas emocional donde el lector es invitado a observar, más que a seguir una trama de acción. La soledad del individuo frente a la inmensidad de su propio pensamiento es el eje vertebrador de todo el relato.
En el apartado visual, En un lugar de la mente es un despliegue de virtuosismo técnico. Beà, influenciado profundamente por el surrealismo de Max Ernst y la estética de los grabados antiguos, utiliza un dibujo meticuloso, caracterizado por un uso obsesivo del rayado y la textura. El blanco y negro no es solo una elección estética, sino una herramienta narrativa que acentúa la atmósfera onírica y atemporal de la obra. Las composiciones de página son a menudo arquitectónicas, con paisajes que parecen extraídos de un sueño lúcido: llanuras infinitas pobladas por objetos anacrónicos, figuras antropomórficas y estructuras imposibles que desafían la lógica visual.
El diseño de los personajes y los elementos que pueblan este "lugar" refuerzan la sensación de extrañamiento. No hay elementos gratuitos; cada objeto, desde un pupitre escolar hasta una maquinaria compleja, está cargado de una intención simbólica que remite a la experiencia vital del autor y, por extensión, a la del lector. La capacidad de Beà para plasmar conceptos abstractos en imágenes concretas y perturbadoras es lo que eleva este cómic a la categoría de ensayo visual sobre la condición humana.
Históricamente, este cómic marcó el inicio de lo que se conoció como el "cómic de autor" en España, permitiendo que el medio fuera visto como una plataforma capaz de albergar reflexiones filosóficas y existenciales profundas. Beà abandonó los encargos comerciales para las editoriales estadounidenses (como Warren Publishing) para volcarse en una obra personal, críptica y fascinante que no buscaba la complacencia del público, sino la expresión pura de una inquietud interna.
En resumen, En un lugar de la mente es una exploración exhaustiva de la psique humana. Es un cómic que exige una lectura pausada y reflexiva, donde el silencio de las viñetas comunica tanto como los diálogos. Es, en esencia, un viaje hacia el centro de la creatividad y la memoria, consolidando a Josep María Beà como uno de los narradores visuales más audaces y originales de la historia del noveno arte en España. Una obra imprescindible para entender la evolución del cómic hacia la madurez narrativa y artística.