Bodegas Rioja

Bodegas Rioja, la obra de Fidel Martínez publicada por la editorial Astiberri, se erige como una de las crónicas gráficas más crudas y necesarias del panorama del cómic español contemporáneo. Lejos de ser un panfleto publicitario sobre las bondades del vino, este cómic se sumerge en las raíces de la tierra para desenterrar una historia de ambición, lucha de clases y supervivencia en un momento crítico para la historia de España y de la región riojana: el tránsito entre el siglo XIX y el XX.

La narrativa nos sitúa en un escenario de cambio tectónico. La trama arranca con la llegada de la filoxera a Francia, un desastre ecológico que, paradójicamente, supuso el "siglo de oro" para La Rioja. Ante la destrucción de los viñedos franceses, los bodegueros galos cruzaron los Pirineos buscando el néctar que ya no podían producir en su tierra, instalándose en localidades como Haro. Fidel Martínez utiliza este marco histórico para articular un relato coral donde el verdadero protagonista no es un individuo, sino el tejido social de una época marcada por la desigualdad extrema.

El guion se aleja de los romanticismos bucólicos. La sinopsis nos presenta un mundo dividido por una línea invisible pero infranqueable: la que separa a la burguesía emergente, que ve en el vino una oportunidad de industrialización y acumulación de capital, de los jornaleros y campesinos, cuya relación con la tierra es de una dependencia casi mística y dolorosa. A través de una estructura episódica pero cohesionada, el autor nos muestra cómo la modernización de las bodegas no solo trajo prosperidad económica, sino que también exacerbó las tensiones sociales, el caciquismo y la explotación laboral.

Visualmente, *Bodegas Rioja* es una lección de narrativa gráfica expresionista. Fidel Martínez, fiel a su estilo de alto contraste, utiliza un blanco y negro radical que parece estar impregnado del mismo hollín de las locomotoras y del barro de los viñedos. Su dibujo no busca la belleza estética convencional, sino la fuerza comunicativa. Las sombras son densas, casi táctiles, envolviendo a los personajes en una atmósfera opresiva que refleja el peso de la tradición y la dureza del trabajo manual. El uso de la mancha y el rayado evoca a maestros del cómic como Alberto Breccia o José Muñoz, logrando que el lector sienta el frío de las bodegas subterráneas y el calor asfixiante de las jornadas de vendimia.

La obra evita caer en el maniqueísmo fácil. Aunque la crítica social es evidente, Martínez se preocupa por dotar de matices a sus personajes. Vemos la ambición de los bodegueros, pero también su miedo al fracaso ante una plaga que amenaza con cruzar la frontera en cualquier momento. Observamos la resignación de los trabajadores, pero también los primeros brotes de conciencia de clase y resistencia. El cómic funciona como un microscopio que analiza cómo el progreso tecnológico y comercial transforma no solo el paisaje, sino también el alma de quienes lo habitan.

Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia de lectura, se puede afirmar que el ritmo de la obra es pausado pero implacable. El autor se toma su tiempo para construir la atmósfera, permitiendo que el entorno —los campos, las barricas, las estaciones de tren— hable tanto como los diálogos. Es una historia de "terroir", donde el sabor del vino final está condicionado por la sangre y el sudor vertidos en el proceso.

En conclusión, *Bodegas Rioja* es una pieza fundamental para entender la identidad de una región desde una perspectiva desmitificadora. Es un cómic que exige una lectura atenta, capaz de incomodar y fascinar a partes iguales. Fidel Martínez ha logrado transformar un episodio de la historia económica española en una tragedia griega de tintes industriales, consolidándose como uno de los autores con mayor personalidad y compromiso narrativo de la actualidad. Es, en definitiva, un relato sobre la tierra que nos alimenta y, a menudo, nos devora.

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