La obra "Yours Truly, Jack the Ripper", publicada por IDW Publishing, representa una de las incursiones más fascinantes y oscuras en el mito del asesino de Whitechapel dentro del noveno arte. Esta miniserie no es una simple recreación de los crímenes de 1888, sino una adaptación meticulosa del célebre relato corto homónimo de Robert Bloch, autor de *Psicosis*. La traslación al lenguaje del cómic corre a cargo de los hermanos Joe R. Lansdale y John L. Lansdale, quienes logran capturar la esencia del horror psicológico y el suspense que caracterizó la prosa original de Bloch, expandiendo su atmósfera opresiva a través de una narrativa visual cruda.
La premisa nos sitúa décadas después de los sucesos de Londres, trasladando el foco de atención a un escenario más contemporáneo (en relación a la época en que se escribió el relato original). El protagonista de esta historia es Guy Hollis, un hombre consumido por una obsesión que raya en la locura: la firme convicción de que Jack el Destripador no solo sobrevivió a la era victoriana, sino que sigue activo, desplazándose por el mundo y dejando un rastro de sangre que ha permanecido oculto a los ojos de las autoridades convencionales. Hollis no busca a un imitador o a un sucesor; busca al hombre original, al monstruo que aterrorizó las calles de Whitechapel.
El núcleo del conflicto narrativo se basa en una teoría perturbadora que Hollis sostiene con vehemencia: el Destripador ha logrado burlar a la muerte a través de sacrificios rituales. Según su investigación, los asesinatos no eran simples actos de sadismo, sino ofrendas destinadas a otorgar una longevidad antinatural. Esta premisa transforma el cómic de un procedimental policial a un relato de horror sobrenatural y suspense psicológico, donde la línea entre la genialidad deductiva y la paranoia clínica se vuelve extremadamente delgada.
El guion de los Lansdale destaca por su ritmo pausado pero implacable. La historia se desarrolla principalmente a través de diálogos cargados de tensión entre Hollis y Sir Guy, un psiquiatra que actúa como el contrapunto escéptico y racional ante las teorías aparentemente descabelladas del protagonista. Esta dinámica permite al lector explorar la psique de un hombre que ha dedicado su vida a perseguir una sombra, mientras se plantean preguntas incómodas sobre la naturaleza del mal y su persistencia a través del tiempo.
Visualmente, el cómic alcanza su cénit gracias al trabajo de Kevin Colden. Su estilo artístico es fundamental para la identidad de la obra. Colden utiliza un trazo sucio, expresionista y deliberadamente descuidado que evoca una sensación de suciedad y decadencia moral. La paleta de colores es limitada, apoyándose en tonos apagados y contrastes marcados que refuerzan la estética de cine negro y el horror gótico. El arte no busca la belleza estética tradicional, sino la incomodidad; las sombras parecen tener vida propia y los rostros de los personajes reflejan una angustia existencial que complementa perfectamente el tono del guion.
"Yours Truly, Jack the Ripper" se aleja de los tropos habituales de las historias sobre el Destripador que se centran en la identidad del asesino en el Londres del siglo XIX. En su lugar, ofrece una reflexión sobre el legado del miedo y la idea de que ciertos horrores son inmortales. La adaptación logra mantener el giro final que hizo famoso al relato de Bloch, pero lo hace respetando los tiempos del cómic, utilizando la composición de viñetas para generar una sensación de claustrofobia creciente.
En resumen, este cómic es una pieza esencial para los entusiastas del género que buscan una aproximación madura y diferente al mito de Jack. Es una obra que prioriza la atmósfera y la construcción de personajes sobre la acción gratuita, ofreciendo una visión donde el pasado nunca muere realmente, sino que se oculta entre nosotros, esperando el momento oportuno para volver a atacar. La colaboración entre el legado literario de Bloch, la narrativa de los Lansdale y el arte visceral de Colden da como resultado una experiencia de lectura inquietante que perdura mucho después de cerrar sus páginas.