El peor supergrupo del mundo, obra del autor José Fonollosa y editada por Grafito Editorial, constituye una de las aproximaciones más lúcidas y humorísticas al género de los justicieros enmascarados desde la perspectiva del cómic español contemporáneo. En este primer tomo, Fonollosa no busca emular las grandes epopeyas de las editoriales norteamericanas, sino que se sitúa en las antípodas de la épica para explorar la cotidianidad, la precariedad y, sobre todo, la incompetencia de aquellos que habitan los márgenes del heroísmo.
La premisa del cómic es tan directa como efectiva: ¿qué ocurre con aquellos individuos que, a pesar de tener la voluntad de luchar contra el mal y vestir mallas ajustadas, carecen por completo de las habilidades, el presupuesto o el carisma necesarios para triunfar? La narrativa nos presenta a un grupo de personajes que son, por definición, los descartes del sistema heroico. No son la primera opción para salvar la ciudad; de hecho, no son ni siquiera la última. Son el grupo que aparece cuando no hay nadie más disponible o cuando el problema es tan insignificante que no merece la atención de los grandes iconos.
El guion se estructura a través de una serie de situaciones que subvierten los tropos clásicos del género. Mientras que en los cómics convencionales el conflicto se resuelve mediante batallas a gran escala y demostraciones de poder, en este tomo el conflicto suele derivar de la propia torpeza de los protagonistas o de la absurda burocracia que rodea su labor. Fonollosa utiliza el humor para diseccionar la figura del superhéroe, despojándolo de su aura de perfección y enfrentándolo a problemas mundanos: la falta de fondos para reparar el cuartel general, las discusiones internas por motivos triviales o la dificultad de encontrar un villano que esté a su (bajo) nivel.
Visualmente, el autor mantiene su estilo característico: un dibujo de línea clara, expresivo y de corte caricaturesco que potencia el ritmo cómico de la obra. El diseño de los personajes es fundamental para entender la narrativa; sus uniformes, a menudo mal ajustados o con estéticas desfasadas, refuerzan visualmente la idea de que estamos ante aficionados que se esfuerzan por encajar en un molde que les queda grande. La narrativa visual es ágil, apoyándose en una composición de página que prioriza la claridad y el *timing* del chiste, permitiendo que la lectura sea fluida y accesible tanto para el lector habituado al género como para el neófito.
Uno de los puntos más destacados de este primer volumen es la construcción de su universo. A pesar de ser una parodia, el mundo en el que se mueven estos personajes se siente cohesionado. Existe una jerarquía establecida donde los "grandes grupos" son figuras distantes y casi divinas, lo que acentúa la sensación de aislamiento y mediocridad de nuestros protagonistas. Esta dinámica permite al autor realizar una crítica velada a la industria del entretenimiento y a la obsesión por el éxito, poniendo en valor la perseverancia de los que fracasan constantemente pero se niegan a rendirse.
En resumen, el Tomo 1 de El peor supergrupo del mundo es un ejercicio de deconstrucción humorística. No se limita a burlarse de los superhéroes, sino que utiliza sus convenciones para hablar de la condición humana, de la amistad en la adversidad y de la dignidad que existe en intentar ser algo mejor, aunque los resultados sean desastrosos. Es una lectura esencial para quienes busquen