El *Peter Pan* de Régis Loisel, publicado originalmente entre 1990 y 2004 por la editorial Vents d'Ouest, no es una simple adaptación de la obra de J.M. Barrie, sino una precuela oscura, descarnada y profundamente psicológica que busca explicar la génesis del mito. A lo largo de seis álbumes (*Londres*, *Opikanoba*, *Tempestad*, *Manos Rojas*, *Garfio* y *Destinos*), Loisel construye un relato de formación que se aleja radicalmente de las versiones edulcoradas de la cultura popular, devolviendo a la historia su naturaleza trágica y salvaje.
La narrativa comienza en el Londres victoriano de finales del siglo XIX. Loisel retrata la ciudad con un realismo sucio y asfixiante, heredero de la atmósfera dickensiana. El protagonista es un joven Peter que sobrevive en los barrios bajos, rodeado de miseria, alcoholismo y violencia. Su madre, una mujer consumida por la bebida y el resentimiento, representa el ancla de dolor que empuja a Peter a buscar refugio en la imaginación. Esta base social es fundamental para entender la obra: el País de Nunca Jamás no surge aquí como un parque de atracciones, sino como una necesidad psíquica de supervivencia frente a una realidad insoportable.
El giro hacia lo fantástico ocurre cuando Peter conoce a una pequeña criatura alada y a un sátiro llamado Kundal, quienes lo transportan a una isla que existe fuera del tiempo y del espacio convencional. En este nuevo escenario, Loisel despliega un despliegue visual asombroso, pero mantiene la crudeza del mundo real. El País de Nunca Jamás es un entorno virgen y peligroso, habitado por criaturas mitológicas, sirenas de moral ambigua, indios y, por supuesto, una tripulación de piratas liderada por un capitán que aún no ha perdido su mano, pero que ya carga con una amargura existencial.
Uno de los pilares del cómic es la exploración de la psicología de Peter. Loisel disecciona el concepto de la "eterna infancia" no como un don, sino como una patología nacida del trauma. El Peter de Loisel es un personaje complejo: es carismático y valiente, pero también cruel, egoísta y profundamente incapaz de gestionar el dolor. La obra plantea que para no crecer, Peter debe aprender a olvidar, y ese olvido es tanto su salvación como su condena. La relación con los otros niños perdidos, a quienes Peter recluta de las calles de Londres, refuerza esta idea de una sociedad infantil que imita la violencia de los adultos que intentan dejar atrás.
El apartado gráfico es, sin duda, uno de los puntos más altos de la historieta europea contemporánea. El trazo de Loisel es dinámico, detallado y extremadamente expresivo. Su capacidad para dibujar la fealdad y la belleza con la misma intensidad permite que la transición entre el Londres grisáceo y la exuberante isla sea orgánica. El diseño de personajes huye de los arquetipos limpios; los rostros están marcados por la vida, las manos son nudosas y los escenarios están cargados de texturas que transmiten humedad, frío o calor tropical. El uso del color, a cargo del propio Loisel y de colaboradores como François Lapierre, subraya la carga emocional de cada escena, utilizando paletas sombrías para la realidad urbana y tonos vibrantes, pero a veces inquietantes, para la isla.
La interacción entre Peter y el futuro Capitán Garfio es otro de los ejes centrales. Lejos de ser enemigos unidimensionales, Loisel establece un vínculo de espejo entre ambos. Garfio representa la autoridad fallida y el miedo al tiempo, mientras que Peter representa la anarquía y el rechazo absoluto a la responsabilidad. El conflicto entre ellos es el motor que hace avanzar la trama hacia los eventos que todos conocemos, pero dotándolos de un peso dramático que la obra original de Barrie solo sugería entre líneas.
En conclusión, el *Peter Pan* de Loisel es una obra maestra de la *bande dessinée* que redefine el mito desde una perspectiva adulta y melancólica. Es un estudio sobre la pérdida de la inocencia, el impacto del abandono y la construcción de la identidad a través de la fantasía. Loisel no solo cuenta cómo Peter Pan aprendió a volar, sino por qué decidió que nunca quería volver a poner los pies en la tierra. Es una lectura densa, visualmente fascinante y emocionalmente devastadora que se mantiene como un referente imprescindible del noveno arte.