Star Trek Voyager: Amerizaje (originalmente publicada como *Splashdown* por el sello WildStorm de DC Comics) es una de las obras más representativas y visualmente distintivas dentro del canon expandido de la franquicia en el formato de novela gráfica. Escrita por el aclamado dúo dinámico compuesto por Dan Abnett y Andy Lanning —reconocidos por revitalizar los aspectos cósmicos de las grandes editoriales— y con el arte detallado de Jeffrey Moy y W.C. Carani, esta miniserie de cuatro números logra capturar la esencia de la serie de televisión mientras aprovecha las libertades presupuestarias que solo el papel y la tinta pueden ofrecer.
La trama se sitúa en el corazón del viaje de la USS Voyager a través del inexplorado Cuadrante Delta. La narrativa arranca cuando la nave, bajo el mando de la capitana Kathryn Janeway, se ve atraída por una señal de socorro inusual que emana de un mundo compuesto casi en su totalidad por agua: el planeta Monara. Lo que comienza como una misión de rescate estándar se transforma rápidamente en una lucha desesperada por la supervivencia cuando una anomalía gravitatoria y un fallo catastrófico en los sistemas de propulsión obligan a la Voyager a realizar una maniobra que nunca fue diseñada para ejecutar a tal escala: un amerizaje forzoso en un océano alienígena de profundidades abisales.
A diferencia de los episodios televisivos, donde las limitaciones de los efectos especiales a menudo restringían la interacción de la nave con entornos planetarios complejos, el cómic se recrea en la escala del desastre. La Voyager queda sumergida, enfrentándose a presiones hidrostáticas para las que su casco no fue construido. Este escenario claustrofóbico sirve como catalizador para una historia que mezcla la ciencia ficción de exploración con el thriller de supervivencia submarina.
El conflicto central no solo reside en la reparación de la nave, sino en el contacto con los habitantes nativos de Monara. La tripulación descubre una civilización acuática avanzada que vive en ciudades submarinas de una arquitectura orgánica impresionante. Sin embargo, la llegada de la Voyager no es vista por todos como un encuentro pacífico. Janeway, Tuvok y Seven of Nine deben navegar por una red de intrigas políticas locales y tensiones religiosas. La presencia de la nave de la Federación es interpretada por algunas facciones como el cumplimiento de una profecía antigua, mientras que para otros representa una amenaza tecnológica que podría desestabilizar el frágil equilibrio ecológico y social de su mundo.
El guion de Abnett y Lanning destaca por su comprensión profunda de las voces de los personajes. La capitana Janeway se muestra en su faceta más resolutiva, equilibrando la diplomacia con la necesidad imperiosa de proteger a su tripulación. Tom Paris asume un papel protagonista debido a sus habilidades como piloto, enfrentándose a corrientes submarinas impredecibles que ponen a prueba su pericia más allá de lo que el espacio exterior jamás exigió. Por su parte, Seven of Nine aporta la perspectiva técnica y lógica, analizando la biología única del planeta y buscando soluciones innovadoras para reflotar la nave.
Visualmente, el trabajo de Jeffrey Moy es excepcional al retratar la tecnología de la Flota Estelar en un entorno tan ajeno. El diseño de los alienígenas monaranos huye de los tropos antropomórficos habituales de la televisión, presentando seres que realmente parecen evolucionados para la vida en las profundidades. El uso del color es fundamental en esta obra, empleando una paleta de azules, verdes bioluminiscentes y sombras densas que transmiten la opresión del abismo y la maravilla de un ecosistema virgen.
Star Trek Voyager: Amerizaje es, en definitiva, una expansión necesaria para los seguidores de la serie. No se limita a replicar la fórmula de un episodio semanal, sino que utiliza el lenguaje del cómic para situar a la tripulación en una situación de vulnerabilidad física y moral sin precedentes. Es una historia sobre la adaptabilidad humana (y biónica), el respeto por las culturas desconocidas y la tenacidad de una tripulación que, incluso hundida en lo más profundo de un océano extraño, nunca deja de mirar hacia las estrellas con la esperanza de volver a casa.